martes, 9 de julio de 2013

La Despedida




"Este adiós no maquilla un hasta luego, este nunca no esconde un ojalá, esta ceniza no juega con fuego, este ciego no mira para atrás" (Joaquín Sabina)

Este es el último post de 1800 minutos. Es nuestra despedida. 
Nacimos para reflejar las sensaciones que produjeron estas sesenta horas de fútbol donde se jugaba el destino de Independiente. Imaginamos llegar de otra manera al veintitrés de junio de dos mil trece. Deseamos arribar a comienzos de este invierno con otros sentimientos. No pudo ser, quizás intuir que podía suceder lo que finalmente sucedió fue el motivo de dar nacimiento a este blog.
Nos sobraron noventa minutos a nuestro nombre. Mil setecientos diez minutos alcanzaron para condenar al Rojo al descenso. 
Nos faltó prolijidad en la redacción, objetividad en los comentarios, correcta estructuración en la escritura, sabemos ahora que hemos comenzando a releer lo escrito; que muchas veces fuimos inentendibles. Preferimos no corregir nada, de esa manera nos salió al final de cada fecha. No era nuestra intención que todas estas líneas tuvieran categorías literarias.. Fueron escritos en una primera toma.
Descubrimos las dificultades de ser cronistas de una pasión. Cuesta muchísimo sentarse frente a la máquina, cuando de lo que se trata es de describir una derrota. También es difícil ordenar las palabras cuando la alegría del triunfo torna cercana la esperanza de evitar el peor de los finales.
Ya es historia el penal tirado por el Tecla, en esa tarde de diluvio frente a Newells. También el penal atajado del Rolfi en la goleada ante Boca que no fue. Los goles errados en tantos partidos. La impotencia de las derrotas ante All Boys y Arsenal. El bochorno de esa tarde en Rafaela. La abulia de los empates contra Quilmes, Lanús y Belgrano. Todo eso es historia.
El descenso ya forma parte de nuestras vidas, y será una espina que nunca dejará de lastimar. Una herida que podrá menguar en su dolor, pero que jamás podremos erradicar de nuestra memoria.
A medida que el campeonato avanzaba y la nafta se nos iba acabando, también nos fue costando tener la constancia de reflejar la fecha en la semana posterior al partido. La desilusión y el dolor nos fueron ganando de a poco la partida. Los resultados, propios y extraños, nos fueron debilitando. Retomamos fuerzas después de los triunfos contra Argentinos y San Martín,  pero el impulso nos duró poco.
Las últimas fechas se fueron transformando de una insufrible agonía. La desesperación fue ganando a los amigos que comparten los colores. Nos llamaban para tratar que les diéramos explicaciones de porque estábamos viviendo esto y nosotros teníamos menos respuestas que ellos.
A medida que se acercaba el final de campeonato, Independiente comenzó a llenar todas las horas del día. A nuestra carga de terminar de cerrar los post de cada fecha, ya casi sin ninguna gana de escribirlos; se sumaban los medios que nos transformaron en nota de tapa en cada programa deportivo y en todos los programas de intereses general entre asesinato y asesinato.ante la histórica posibilidad de que descendiéramos ; las gastadas que empezaron a llegar a través de las redes sociales y mails a través de los cuales conocidos y desconocidos se empeñaron en hacernos intolerable la simple acción de prender la computadora o leer un mensaje de texto en el celular.
Este blog debe agradecer, como todos los que conformamos en algún momento la familia de Vientos de Blogs, la amistosa lectura de Adrian De Paulo (otro hincha rojo, que se ha pasado los últimas semanas espadeando contra todas conspiraciones que se respiraban en el aire para lograr nuestro descenso) y Carlos Giaccarini (que desde el otro lado de Avellaneda, entendió lo que nos estaba pasando por haberlo sufrido treinta años antes y que tuvo la generosidad de no ser cruel en las cargadas). Una mención especial para Gabriel Catanzaro, quien entendió la gravedad del problema que significa para un futbolero, el descenso de su equipo  y respaldó algunas posiciones extremas realizadas por quienes escribimos 1800 llevadas por la furia de habernos sentido menospreciados en los sentimientos que nos embargaban; quien nos envió un hermoso retrato de su infancia y su amor por los colores cuervos que publicamos en este Blog.

Creemos haber cumplido con lo que nos propusimos, retratar todo este período poniendo todo nuestro esfuerzo en ello es decir transpirando la camiseta. Una actitud que les faltó a varios jugadores rojos.
El fútbol es parte de nuestra cultura, es un complejo entramado de vivencias que para quienes lo vivimos con intensidad, forma parte inseparable de nuestras vidas.
Por eso nos vamos, con un párrafo de un escritor argentino para quien el fúbol no es un detalle sino que forma parte de su obra. Eduardo Sacheri, fana del rojo, escribió en un hermoso cuento llamado "El equipo de Raulito" lo siguiente:
 "...Porque uno puede cambiar de idea varias veces. Sobre todo si abundan los tíos y primos grandes dispuestos a comprar con pelotas y camisetas la fidelidad de un corazón novato. Pero una vez que uno llora por un cuadro, la cosa está terminada. Ya no hay vueltas. No hay caso. De la alegría se puede volver, tal vez. Pero no de las lágrimas. Porque cuando uno sufre por su cuadro tiene un agujero inentendible en las entrañas. Y no se llena con nada. O mejor dicho se llena con una cosa: con ganar el domingo que viene. De manera que asunto concluido. La suerte esta echada. Nosotros acá, el resto enfrente. Algunos más amigos, otros menos. Pero de este lado nosotros, lo de acá, los que no tenemos en común tal vez, victoria alguna. Pero que compartimos las lágrimas de un montón de derrotas."
"...Ya inoculado para siempre con el veneno dulce del amor perpetuo. Ya ajeno para siempre a cualquier otra camiseta, más allá de cualquier dolor y todas las glorias, dando al cielo el primer alarido franco de su vida"

Nos vamos, no hay final feliz. Hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance, pero no alcanzó.
Aún con dolor, nos vamos satisfechos de haber puesto todo. Quisimos retratar una época en la vida de Independiente, la vida nos marcó que fue la peor en sus ciento ocho años de vida.
Convencidos que el fútbol como en la vida, siempre habrá revancha. Será tareas de otros reflejar mejores tiempos, a nosotros nos tocó esta.
Gracias por habernos acompañado.