lunes, 3 de febrero de 2014

Introducción


Albert Camus, escritor y filosofo francés, inmortalizó una frase que sostenía que "todo lo que aprendí de la vida, lo aprendí con el fútbol"
Los hinchas de Independiente, creo, también lo hicimos. Solo que con el paso del tiempo las distintas generaciones han recibido clases magistrales de distintos sentimientos que atraviesan la vida de los hombres. Quienes se encuentran cerca del medio siglo de vida o lo superan, con el fútbol o más precisamente con Independiente han aprendido la sensación de vivir la alegría permanente, el éxtasis de los triunfos continuos, la soberbia de sentirse parte del imperio en el planeta fútbol y de percibir el sentimientos de los otros que entendían que nosotros, los hinchas del rojo, eramos parte de una cofradía selecta que vivíamos en el Parnaso futbolero.
Un gran escritor y periodista argentino, Osvaldo Soriano, futbolero y fervorosamente hincha de San Lorenzo; sostuvo en alguna oportunidad que envidiaba de los hinchas de Independiente el hecho que todas las generaciones los habíamos visto campeón. 
El fútbol, el mundo, el país e Independiente cambiaron. Todos ellos han caído en crisis históricas y nosotros no somos la excepción. Y por estos días comenzamos a transitar la peor de todas ellas.
Como todo proceso traumático, las cosas no suceden de un día para el otro, pero por el amor incondicional a los colores y un poderoso mecanismo de negación; no quisimos ver que tan cerca se encontraba el precipicio.
De tal manera que, aquellos que cuentan entre treinta y cincuenta años lo vieron esporadicamente campeón, pero cada título se presentía como el punto de partida hacia aquellos gloriosos tiempos. Pero esos tiempos de oro no regresaban. Aún así la historia era tan grande que aprendimos a aferrarnos a ella, para obviar el dolor de ojos con los que fuimos volviendo de la cancha domingo tras domingo.
Los fanas del rojo menores de veinte han contado con el escaso privilegio de haber nacido o poder festejar en el jardín infantes o la primaria el último campeonato local con el Tolo Gallego y la Copa Sudamericana con el Turco Mohamed (que ganada de manera tan sufrida y en un momento en que las sombras del descenso ya se aproximaban, solo dió para una mueca de sonrisa y hacerle callar la boca, aunque sea por un rato a la hordas de racinguistas y bosteros que nos desean el peor de los destinos).
Pero a este lugar, no se llega de casualidad, en este link vas a entender parte del desastre. Ese extenso análisis, llega hasta al año 2007; lo que vino hasta la fecha fue peor...mucho peor.
Aunque hace diez años estuvimos en una situación similar, desde el lado de necesitar una cantidad importantisima de puntos para salvarnos del descenso (campeonato en el que finalmente salimos campeones) los tiempos han cambiando.
Ese cambio fundamental, un cambio de paradigma de acuerdo al léxico de estos tiempos, lo marcó el descenso de River. Ese hecho, inimaginable para cualquier futbolero argentino, nunca pudo haber pasado, pero se produjo. Y desde allí los hinchas de Independiente chocamos todas nuestras ilusiones y esperanzas contra un enemigo letal e imbatible...la realidad.
Y la realidad nos muestra que la historia, la pasión, el aliento permanente, la fe inquebrantable en superar la tormenta, serán en esta historia elementos necesarios pero no suficientes. 
Lo suficiente será ganar y que los que vienen como nosotros en el batallón de los desahuciados, no ganen.
Eso lleva a cada hincha de Independiente, a reinterpretar la escena de Russell Crowe en una "Mente Brillante" y pasar haciendo cuentas contra los vidrios de una ventana para que el resultado de las ecuaciones den este resultado.
En estos próximos cinco meses, el pueblo rojo incrementará exponencialmente la utilización de cábalas, el consumo de cigarrillos y calmantes, tendrá un perfecto conocimiento del árbol genealógico de cada arbitro que tenga la osadía de perjudicarnos con un fallo por insignificante que sea, volverá a creencias religiosas que tenían abandonadas y comenzará a realizar promesas que posiblemente (si el objetivo se logra) nos transforme en personas más sanas (porque habremos dejado de fumar, tomar o habremos iniciado esa dieta tan postergada) mejores alumnos (porque le dedicaremos a los libros el tiempo que hoy le dedicamos a los amigos y al ocio), mejores creyentes ( porque pudimos comprobar que Dios existe), mejores parejas ( porque habremos abandonado nuestras reincidentes infidelidades para con nuestras parejas).
El pueblo rojo pondrá todo lo que esté a su alcance para que el barco no se hunda. Pero destino de ese pueblo (como tantas veces en la historia) no está en su manos. Depende de esos once que salen a la cancha e inevitablemente estaremos en su manos.
A partir de hoy, domingo 3 de febrero de 2013, estaremos veinte veces en sus manos durante mil ochocientos minutos. 
Durante todo el mes de enero, sumado a un calor infernal que pareciera estar preparándonos para lo que viene, estuvimos a la espera de un delantero que hasta el día de hoy no ha llegado. Para Independiente, lograr traer a un atacante pareciera más dificultoso que lograr el arribo una botinera casta y pura.
Diecinueve más una, esa son las fechas que conforman este calvario. Un campeonato completo ( que comienza el próximo domingo) y una fecha postergada del torneo anterior (que se juega hoy)  será el camino a transitar para lograr el triunfo en la batalla contra los decimales que posibiliten superar la barrera del 1,128 que nos hace perder el sueño, romper celulares y maldecir hasta dejar exhausto el diccionario. La larga ruta hasta fines de junio tiene este camino
Hace pocos días se cumplieron treinta y cinco años de unas de la mayores hazañas del Rey de Copas (si bosteros, fuimos somos y seguiremos siendo nosotros), aquella en la que con ocho jugadores, de visitante dimos vuelta un partido que nos coronó campeones ante ese equipazo que tenía Talleres de Córdoba (varios de ese equipo formaron parte meses después de la Argentina Campeón del Mundo). Con la fe en la mística de aquellos días, volveremos esta tarde a Alsina y Bochini, en búsqueda de felicidad. Esa felicidad que nos robaron las dirigencias corruptas, los horribles jugadores que tuvieron la osadía que se pusieron nuestra gloriosa camiseta y la enorme cantidad de técnicos incapaces que convirtieron a un club ejemplar en una aldea arrasada.
Hoy iniciamos un camino irracional e inexplicable, para quienes el fútbol no le ha dado lecciones de vida, con la firma convicción que podemos reconstruir la gloriosa historia de una camiseta que nos lleva gran parte del corazón.
Rodriguez, Contrera, Tula, Tuzzio, Morel Rodriguez, Santana, Vargas, Ferreyra, Miranda, Montenegro y Farías; serán los que hoy se pondrán NUESTRA camiseta. Intentaremos ver en ellos a otros, a los que nos hicieron grandes tan grandes que aún no nos podemos olvidar de ellos. Para que este domingo los que salen con la roja, se sienta poseídos por la grandeza de los Santoro, Goyen, Navarro, Rolán, Savoy, Tarabini, Pavoni, Trossero, Villaverde, Clausen, Galvan, Artime, Semenewichz, Saggioratto, Percudani, Gustavito Lopez, Rochen, Marangoni, Bertoni, Giusti y tantos otros. Y para que nuestro Dios en la Tierra, el Bocha,  les diga a cada uno de ellos a la manera del Pato Pastoriza en aquella noche cordobesa contra toda adversidad , "Sean hombres...vayan, jueguen y ganen"
Los viejos, los jóvenes y los pibes vamos a ir con la misma pasión, uniendo en un mismo acto todos los lugares desde los cuales nos enamoramos de estos colores.
Sobre estos cinco meses, como tema único y excluyente, tratará este blog. Trataremos de retratar estos mil ochocientos minutos y todas sus circunstancias, de la mejor manera posible.
Ojalá que estos post mantengan las elementales normas del idioma, lo que seguramente tendrán es la pasión de un amor incondicional que no morirá pese a los resultados.
Este blog se escribe con la infinita esperanza que el cuento tenga un final feliz. Cuando llegue el anochecer de la última fecha y las cartas estén echadas, habremos terminado con la tranquilidad de haber dado todo con la camiseta transpirada hasta la última gota de aliento.

martes, 9 de julio de 2013

La Despedida




"Este adiós no maquilla un hasta luego, este nunca no esconde un ojalá, esta ceniza no juega con fuego, este ciego no mira para atrás" (Joaquín Sabina)

Este es el último post de 1800 minutos. Es nuestra despedida. 
Nacimos para reflejar las sensaciones que produjeron estas sesenta horas de fútbol donde se jugaba el destino de Independiente. Imaginamos llegar de otra manera al veintitrés de junio de dos mil trece. Deseamos arribar a comienzos de este invierno con otros sentimientos. No pudo ser, quizás intuir que podía suceder lo que finalmente sucedió fue el motivo de dar nacimiento a este blog.
Nos sobraron noventa minutos a nuestro nombre. Mil setecientos diez minutos alcanzaron para condenar al Rojo al descenso. 
Nos faltó prolijidad en la redacción, objetividad en los comentarios, correcta estructuración en la escritura, sabemos ahora que hemos comenzando a releer lo escrito; que muchas veces fuimos inentendibles. Preferimos no corregir nada, de esa manera nos salió al final de cada fecha. No era nuestra intención que todas estas líneas tuvieran categorías literarias.. Fueron escritos en una primera toma.
Descubrimos las dificultades de ser cronistas de una pasión. Cuesta muchísimo sentarse frente a la máquina, cuando de lo que se trata es de describir una derrota. También es difícil ordenar las palabras cuando la alegría del triunfo torna cercana la esperanza de evitar el peor de los finales.
Ya es historia el penal tirado por el Tecla, en esa tarde de diluvio frente a Newells. También el penal atajado del Rolfi en la goleada ante Boca que no fue. Los goles errados en tantos partidos. La impotencia de las derrotas ante All Boys y Arsenal. El bochorno de esa tarde en Rafaela. La abulia de los empates contra Quilmes, Lanús y Belgrano. Todo eso es historia.
El descenso ya forma parte de nuestras vidas, y será una espina que nunca dejará de lastimar. Una herida que podrá menguar en su dolor, pero que jamás podremos erradicar de nuestra memoria.
A medida que el campeonato avanzaba y la nafta se nos iba acabando, también nos fue costando tener la constancia de reflejar la fecha en la semana posterior al partido. La desilusión y el dolor nos fueron ganando de a poco la partida. Los resultados, propios y extraños, nos fueron debilitando. Retomamos fuerzas después de los triunfos contra Argentinos y San Martín,  pero el impulso nos duró poco.
Las últimas fechas se fueron transformando de una insufrible agonía. La desesperación fue ganando a los amigos que comparten los colores. Nos llamaban para tratar que les diéramos explicaciones de porque estábamos viviendo esto y nosotros teníamos menos respuestas que ellos.
A medida que se acercaba el final de campeonato, Independiente comenzó a llenar todas las horas del día. A nuestra carga de terminar de cerrar los post de cada fecha, ya casi sin ninguna gana de escribirlos; se sumaban los medios que nos transformaron en nota de tapa en cada programa deportivo y en todos los programas de intereses general entre asesinato y asesinato.ante la histórica posibilidad de que descendiéramos ; las gastadas que empezaron a llegar a través de las redes sociales y mails a través de los cuales conocidos y desconocidos se empeñaron en hacernos intolerable la simple acción de prender la computadora o leer un mensaje de texto en el celular.
Este blog debe agradecer, como todos los que conformamos en algún momento la familia de Vientos de Blogs, la amistosa lectura de Adrian De Paulo (otro hincha rojo, que se ha pasado los últimas semanas espadeando contra todas conspiraciones que se respiraban en el aire para lograr nuestro descenso) y Carlos Giaccarini (que desde el otro lado de Avellaneda, entendió lo que nos estaba pasando por haberlo sufrido treinta años antes y que tuvo la generosidad de no ser cruel en las cargadas). Una mención especial para Gabriel Catanzaro, quien entendió la gravedad del problema que significa para un futbolero, el descenso de su equipo  y respaldó algunas posiciones extremas realizadas por quienes escribimos 1800 llevadas por la furia de habernos sentido menospreciados en los sentimientos que nos embargaban; quien nos envió un hermoso retrato de su infancia y su amor por los colores cuervos que publicamos en este Blog.

Creemos haber cumplido con lo que nos propusimos, retratar todo este período poniendo todo nuestro esfuerzo en ello es decir transpirando la camiseta. Una actitud que les faltó a varios jugadores rojos.
El fútbol es parte de nuestra cultura, es un complejo entramado de vivencias que para quienes lo vivimos con intensidad, forma parte inseparable de nuestras vidas.
Por eso nos vamos, con un párrafo de un escritor argentino para quien el fúbol no es un detalle sino que forma parte de su obra. Eduardo Sacheri, fana del rojo, escribió en un hermoso cuento llamado "El equipo de Raulito" lo siguiente:
 "...Porque uno puede cambiar de idea varias veces. Sobre todo si abundan los tíos y primos grandes dispuestos a comprar con pelotas y camisetas la fidelidad de un corazón novato. Pero una vez que uno llora por un cuadro, la cosa está terminada. Ya no hay vueltas. No hay caso. De la alegría se puede volver, tal vez. Pero no de las lágrimas. Porque cuando uno sufre por su cuadro tiene un agujero inentendible en las entrañas. Y no se llena con nada. O mejor dicho se llena con una cosa: con ganar el domingo que viene. De manera que asunto concluido. La suerte esta echada. Nosotros acá, el resto enfrente. Algunos más amigos, otros menos. Pero de este lado nosotros, lo de acá, los que no tenemos en común tal vez, victoria alguna. Pero que compartimos las lágrimas de un montón de derrotas."
"...Ya inoculado para siempre con el veneno dulce del amor perpetuo. Ya ajeno para siempre a cualquier otra camiseta, más allá de cualquier dolor y todas las glorias, dando al cielo el primer alarido franco de su vida"

Nos vamos, no hay final feliz. Hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance, pero no alcanzó.
Aún con dolor, nos vamos satisfechos de haber puesto todo. Quisimos retratar una época en la vida de Independiente, la vida nos marcó que fue la peor en sus ciento ocho años de vida.
Convencidos que el fútbol como en la vida, siempre habrá revancha. Será tareas de otros reflejar mejores tiempos, a nosotros nos tocó esta.
Gracias por habernos acompañado.

sábado, 22 de junio de 2013

Ultimo acto

El segundo día de este invierno modelo 2013, nos ve despedirnos de la primera división.
En un plantel conformado por pibes de las inferiores, quizás algunos de ellos no volverán a tener el honor de ponerse esta camiseta en primera división.
Lo que pasó esta noche fue solo para cumplir, sin ganas para escribir lo sucedido  en Santa Fe , este sitio nombra a los protagonistas y el  Resumen del partido
Despedirse a  tantos  kilómetros de Buenos Aires, con la prohibición de público visitante; verlo por televisión se asemeja más a un acto de martirio militante que al placer de ver fútbol.
Los chicos hace lo que pueden y no lo hacen mal. Es lo que hay.
Ciento ocho años de historia, no merecen una noche como esta. Pero a la historia le importa bien poco los merecimientos, importan los hechos. Y los hechos demuestran es que a este desastroso momento no se llega por generación espontanea. Se llega por un cúmulo de cosas que, hoy en este frío sabado de junio, no merecen ser enumeradas.
Bastante larga ya fue la semana con fantasmas con la letra B, humos negros y coronas para no tratar de irse a dormir temprano un sábado como este

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lunes, 17 de junio de 2013

El fin de semana más largo de mundo II



Cantamos porque el grito no es bastante
Y no es bastante el llanto ni la bronca
Cantamos porque creemos en la gente
Y porque venceremos la derrota

(Mario Benedetti)

Este quince de junio de 2013, será amargamente imborrable para el pueblo rojo.
Llegamos al estadio, con más sensación de despedida que de esperanza. 
Teniendo el amor por los colores como estandarte de guerra, llegamos para festejar nuestra pertenencia. Una reafirmación de nuestra entidad con toda la fuerza en las gargantas que pueda aún quedarnos sabiendo que el final puede ser solo uno.
En el Libertadores de América, quedarán flotando estos cánticos y las bengalas.


El partido, se jugaba en tres lugares distintos. En los tres lo perdimos. Se perdió en La Paternal, se perdió en San Juan y aunque ganar en Avellaneda no hubiera revertido nuestro destino de Nacional B, se perdió también en casa.
Sin perjuicio de tanta tristeza, ganamos en hidalguía. Temple para bancarse la tarde más negra del rojo, bancándosela a puro grito en apoyo de los pibes que tuvieron que salir a poner la cara en la parada más difícil en la historia de nuestro. Cánticos para reafirmar que desde la cuna hasta el cajón nuestro corazón no cambiará de colores.
Con un dolor inimaginable y con lágrimas en todos los rincones del estadio, nunca la violencia se apoderó de nuestra tristeza.Eso nos tiene que poner orgullosos.
En toda la locura que envuelve al fútbol argentino, quizás en esta tarde nosotros protagonizamos el único acto de cordura.



Nos quedamos cantando, por las alegrías que forman parte de nuestro acervo. Porque tenenos que soportar que la bronca y la ira no nos ganen la partida.
El partido fue solo una anecdota que permita cumplir con las formas y determine con resultados lo que ya sabiamos que estaba pronto a suceder.
Lo sabíamos todos: hinchas, jugadores, cuerpo técnico y dirigentes. El equipo jugó como lo sintió, que nada que pudiera hacer podría cambiar el curso de la historia
En realidad, el equipo jugó como jugaron todos los equipos del rojo en los últimos tres años. 
Sin saber como llegaron a ponerse la gloriosa camiseta de. Independiente y desconociendo la gloria de esos colores.
Hoy, eso ya no quita ni agrega nada. El daño ya esta hecho. Como revertir este presente se vuelve obligación. El futuro es nuestro objetivo y también una manera de que el dolor no nos queme más de lo necesario.



La noche viene ganando espacio a paso firme en Avellaneda, allí quedan los últimos hinchas resistiendo la llegada de la Luna. Resistiendo llegar a sus casas y evitar quedar derrumbados sobre una silla tratando de buscar respuestas a un final que no tiene vuelta atrás.
Cuando decido emprender la vuelta a casa, también decido que este momento no se irá más de entre mis recuerdos. Me llevó la certeza de que descendimos, y también la confirmación de porque cantamos...

domingo, 16 de junio de 2013

El fin de semana más largo del mundo I

La madrugada del domingo indican que hoy se celebra el día del padre.
Y después de un sábado como el de ayer, este festejo pega de una manera muy diferente.
Aunque suene estúpido, recuerdo que soy padre y fui hijo.
Tres generaciones con un mismo apellido y una sola camiseta. Tres generaciones con un amor compartido, y con tres vivencias distintas sobre ese mismo amor que nos une. Arturo, mi viejo, vio todo lo mejor hasta el día que se fue sobre comienzos de los ochenta.
Yo vi gran parte de lo mejor, desde principios de los setenta.
A Axel le tocó la peor parte, muy poco de lo bueno y todo lo malo.
A Arturo le agradezco haberme contagiado esta pasión, a Axel le tendré que pedir paciencia para que no me reproche haberlo embarcado en esta aventura de tener una pasión a la que nada se le pide y por la cual mucho se sufre.

Casi todas las fotos que ilustran estas líneas son personales. Tan personales como esta tristeza. Fueron tomadas camino a la cancha, ese camino que ya hicimos los tres. Lamentablemente nunca lo pudimos caminar juntos , pero en esa tarde sentí que esta caminata la hacía la familia completa
Esta es la calle Crisologo Larralde, la continuación de la Av. Rivadavia en dirección a las vías de Ferrocarril Roca. Durante muchos años la cruzamos con Arturo, a través de un clásico agujero en los alambres que todos conocían como atajo para evitar las escaleras que te llevaran a los siete puentes y así evitar más de diez minutos de caminata que pudieran provocar llegar tarde al comienzo de cada partido.
Esta es la cancha de fútbol del Club Barracas al Sur, que tras cruzar las vías del Roca sirve para cortar camino hacia la calle Alsina. Un cancha usada como estacionamiento con un puestos de bebidas y choripan que en la previa del partido los hinchas de independiente utilizan para calmar su hambre y su sed. La última parada para tomarse una cerveza, punto de reunión de grupos de amigos para iniciar el camino hacia el estadio.
La calle Alsina,frente a los monoblocks,  donde se encuentran las entradas a las plateas y la popular sur. Allí, una vez superados los cacheos de la policía, ingresas al  Libertadores de América. 
Allí culmina, lo que definitiva fue nuestra última peregrinación a la espera del milagro. En una tarde fría pero soleada, esperamos que lo que todos sabíamos casi como inevitable no ocurriera.
Y  esa caminata con poco de esperanza y mucho de melancolía desemboca en un pasillo con fotos que contienen como marcas en el alma casi toda mi historia con esta camiseta.
En el pasillo a cielo abierto, camino a las puertas de acceso al estadio, una de las primeras fotos que aparece es la de Arsenio Erico. Icono del goleador, artillero paraguayo hasta hoy no superado en campeonatos argentinos en esa obsesión por vencer arqueros. Una de las primeras sentencias paternas que puse en duda, "Cabeceando, saltaba más alto que los arqueros" decía Arturo y mi incredulidad sobre tal afirmación duró hasta poder ver de los pocos documentos gráficos de la época. Allí pude observar que mi viejo no mentía, Erico le birlaba la pelota en el salto a los arqueros, cabeceaba sobre la altura de las manos de aquellos que durante muchos años no tenían otro número sobre sus espalda que el número uno. Con esa anécdota y con muchas otras que me contaba sobre los grandes jugadores y equipos que tuvimos en décadas en que yo no existía, fui cimentando mi pasión. Arturo las contaba con una pasión que lo transformaba, y que me iban transformando a medida que las iba escuchando. Micelli, Lacasia, Ceconatto, Grillo y Cruz; era el paradigma de una delantera mortífera. El gol de Grillo a los ingleses en cancha de River, con la camiseta argentina. Los triunfos en Brasil y Avellaneda, ante el Santos de Pelé. Las terribles batallas contras los uruguayos por la Copa Libertadores. Rolán, Navarro y Mura peleando hasta la última pelota; llevandose todo lo que había que llevarse por delante para que el Rojo, empezara a ser el Rey de Copas. La dignidad en las derrotas contra el catenaccio del Inter de Helenio Herrera. Historias retratadas en color sepia, imaginadas en blanco y negro y que empiezan a aparecer en la entrada a la cancha, con la moletia que provocan a la vista que los ojos se me empiecen a humedecer.

Las fotos con todas nuestras copas, y de las cuales esos dos pibes que aparecen en el retrato no vieron ganar casi ninguna. Quizas lo mejor de esta imagen, se encuentra fuera de la escena. Es el padre orgulloso, que detrás de la cámara de fotos se refriega los ojos, quizás producto de los rayos del sol y muy posiblemente emocionado por compartir con su hijos esta tarde en que, cualquiera fuera resultado, los encontró juntos y que posiblemente viva en su memoria hasta el últimos de sus días.

Ricardo Bochini, nuestro héroe  chaplinesco. Con él, conocí lo que era el placer de ir a la cancha. Podía estar ausente del partido ochenta y nueve minutos, hasta que llegaba el momento en que decidía frotar la lámpara y a pura gambeta siempre un compañero se encontraba con la pelota en sus pies, producto de sus pases puestos entre un mar de piernas contrarias. Hizo goleadores a todos los nueve con que compartió ataque. En un pared interminable con Bertoni, nos hizo campeones del mundo ante la Juve. Un final jugada en un solo partido y de visitante. Convirtió el gol del empate en la heroica noche cordobesa en la que con tres menos empatamos un partido que se consideraba imposible de empatar. Fue el autor de los dos goles en el partido de vuelta ante River, que nos coronó campeones del Nacional setenta y ocho. Nació al fútbol y se retiró de la actividad con la misma camiseta; la nuestra. Es el símbolo de Indepenidente. Del mejor Independiente, de aquel nunca debimos dejar de ser.
Esta galería cierra con  el desenfrenado festejo de Pusineri, después del cabezazo que posibilitó el empate ante Boca en la doble visera a cinco minutos del final. El gol que nos abrió la puerta a nuestro último campeonato local que terminaríamos logrando en el Nuevo Gasometro en la última fecha. Un gol que aún sigo gritando, el que significó liberar nuestra euforia después de ocho años de sequía. Ante el rival al que siempre le queres ganar, y si es de manera injusta; mejor. 


Estas dos fotos, obviamente ya dentro de la cancha, son un reconocimiento a las decena de  miles que fueron al Libertadores de América casi como en un acto de resistencia. En una reafirmación de nuestra entidad. Alentando hasta media hora después que el descenso era un hecho consumado. A los que como yo, buscaron cualquier excusa para no irse de la cancha; cuando el resultado puesto, las sombras que ya ganaban toda la dimensión del estadio, el frio y el desencanto invitaban a estar en un lugar más reparador. Un homenaje a toda esa gente que fue para bancarse la peor noticia y ante el dolor, solo atinar a putear a un par de responsables de este desastre. Un homenaje a los que el peor momento de la historia del club, alentaron y reconocieron a esos ocho pibes surgidos del club que se tuvieron que bancar este trago amargo cuando los veteranos no supieron estar a la altura de la circunstancias. 
Un reconocimiento a todos los que estuvimos, porque supimos soportar del descenso sin recurrir a la irracionalidad de la violencia.
Este quince de junio de dos mil trece, tiene muchas más imágenes para ser contadas. Esta fecha tiene muchas variables para ser escritas. Deberán esperar, la tristeza es un sentimiento que dificultar mucho tipear palabras.  No va a faltar tiempo, en este fin de semana durisimamente prolongado.



domingo, 9 de junio de 2013

Irreversible

El peor rival, para jugarse tanto. River en los últimos veinte años se ha cansado de ganarnos en todas las versiones posibles. Triunfó justa e injustamente. Nos venció siendo primero y también último. Hasta en el año que descendió uno de los pocos triunfos que cosechó lo hizo a costillas nuestras. 
Más allá de la abultada estadística a favor de los millonarios,  el empate del último sábado ante Estudiantes, ya nos dejó a medio paso del abismo. Nuestro empate, el triunfo de Argentinos ante nuestros rivales de hoy y el de los sanjuaninos ante.Tigre.; nos dejó en manos de la providencia y de los milagros matemáticos.
Desde hace muchos fin de semanas, la fecha de fútbol termina cuando finalizan los partidos que jugamos nosotros, Argentinos, Quilmes y San Martín. Jugamos partidos de trescientos sesenta minutos o más. Es muy difícil resistir la tentación de mandar todo al carajo y esperar solamente la lectura de los suplementos deportivos el lunes o martes, según cuando termine de jugar los integrantes de este cuarteto de la muerte.
Diego Rodríguez; Julián Velázquez;  Cristian Tula;  Claudio Morel Rodríguez; Lucas Villalba; Hernán Fredes;  Fabián Vargas: Juan Manuel Trejo;  Daniel Montenegro;  Leonel Miranda;  Adrián Fernández: 
Una formación que viene marcando una tendencia que se fue delineando después del bochorno en Rafaela, cada vez menor cantidad de jugadores con experiencia y que no aportaron nada en favor del equipo y mayor cantidad de pibes de las inferiores para los que esta situación de salir a la cancha les resulta una mochila de plomo.
Salimos a  jugarlo de igual a igual; y Fredes lo tuvo en los primeros quince en un cabezazo solo que quedó en las manos de Barovero. Un centro y una cortada para ir a buscar la pelota que mereció mejor suerte y que terminó en un globo para agregar a la larga galería de goles que no hicimos a lo largo de este campeonato.
Diez minutos más tarde, en un lateral a nuestro favor en nuesta zona defensiva, se la terminamos regalando a los atacantes de River; en gran parte por una distracción de Fredes que no peleó una pelota que lo tenía como destinataria; terminó en un pase y dos rebotes dignos de un pinball que lo deja a Iturbe solo en el area chica para empujar la pelota y que nuestro esceptisismo se vuelva en desesperanza
iDe allí en más River tomo infulas de un equipo que no es, el aparenta con su posición en la tabla y que es producto del mediocre e irregular fútbol argentino. Con la confianza del gol y la desesperación de los nuestros los espacios para el contrario comenzaron a aparecer. Y nosotros no empezamos a perder en las posiciones, en el juego y en el fondo de la tabla. Demasiado drama para que se puedan hacer cargo varios pibes que tienen menos de diez partidos en primera. Fernandez, después de su auspicioso debut con cuatro goles en dos o tres partidos que sirvieron al menos para decretarle el retiro efectivo al  Tecla Farías, se perdió chocando contra los defensores de River en esos pelotazos boleados por pibes como Miranda y Trejo a los que el escenario le agregaba diez kilos a los botines,  y los de Rolfi perdido en la bruma de los fantasma del descenso.
Tuvimos sobre el final del primer tiempo, un oportunidad para empatar. Desde fuera del area Miranda trata de colocarla sobre el segundo palo de Barovero y este confirma que una buena tarde cualquier arquero nos cierra las cortinas hacia el gol.
El segundo tiempo pasa con la pelota en posesión de River, y queda de nuestro lado la desesperación, la falta de ideas y la certeza que la suerte ya esta echada. 
En un contrataque veloz, un pibe de los millonarios con nombre raro le coloca un bocha a correr a Iturbe que en una corrida de veinte metros con la pelota en los pies le saca por lo menos cinco a Morel Rodriguez que le permite llegar al fondo de la linea con una tranquilidad que le permite mirar quien viene por el centro del ataque y ponérsela en los pies de Lanzini para que con cara interna del botin se la clave en el segundo  palo del Ruso Rodríguez. Ese segundo gol, es el argumento para que un centenar de delincuentes disfrazados de hinchas traten de provocar destrozos en el Monumental que lo habiliten al árbitro para suspender el partido. Por suerte, no lo logran. Lo que perdemos, lo perdemos en ese rectángulo verde; y eso es ya suficiente para agregarle un informe policial.
En este segundo tiempo intentamos con  Luciano Leguizamón; Osmar Ferreyra; y Francisco Pizzini. Dos fracasos y uno de los pibes que no cambiaron en absoluto la historia que ya estaba marcada. La televisión se queda con la imagen de Fredes sentado en el banco de suplentes con lágrimas en los ojos. Lágrimas incomparables con la de  todos los que estamos en la cancha, frente al televisor o en el fondo del patio,  ya no queriendo ver ni escuchar nada de esta historia.
El zapatazo de Rolfi desde treinta metros que se mete en la ratonera del uno de River, es ya solo una anécdota para las estadísticas. Quizás un gol que hubiera servido en las primeras cinco fechas para animar a un equipo sin alma, en esta tarde es solo un dato que ya no interesa a nadie.
Cae la tarde, el partido termina. River nos sentencia a lo mismo que ellos vivieron hace dos años.Mañana por la noche Argentinos juega ante San Lorenzo, y una derrota del bicho nos daría alguna esperanza desde los números.Las victoria de Quilmes ante Arsenal y la de San Martín ante Belgrano en la noche del sábado nos deja sin ninguna posibilidad que cualquier cosa que pase dependa solo de nosotros. Quedamos a la espera que la desgracia se derrame sobre San Juan y La Paternal, pero las matemáticas tienen pocas características divinas 






viernes, 7 de junio de 2013

Una historia teñida de rojo



Aspirinas y Caramelos ( Luciano Olivera)

"La primera vez que tuve la sensación de que mi viejo se moría, que lo vi débil de verdad, fue yendo a ver al Rojo.

Rodolfo (así se llamaba) era periodista. Trabajaba en tele, en radio, en gráfica. Los viernes solía llegar con un regalo: credenciales de Prensa para la cancha. Yo crecí acostumbrado a los lugares privilegiados. Vi muchos partidos en las cabinas, al lado a los relatores de las radios, o en plateas "lujosas". Era parte de la "chapa" de mi papá.

Pero en 1980, la mano venía distinta. El viejo estaba sin laburar en los medios. En la Argentina de la plata dulce, había puesto un kiosco en la galería de al lado de Sadaic. Ese negocito, último bien de una extraña herencia familiar, no daba para ningún lujo. Vivíamos con lo justo. Para colmo, al periodista le faltaba el "brillo" de la profesión. El otrora escriba reconocido y jefazo, ahora expendía alfajores, turrones y 43/70. Un dato: lo hacía de saco y corbata. Me cuesta recordarlo con otro ropaje. Era casi su uniforme.

Es posible que yo, con 11 hincha-bolas años, haya insistido en ir a la cancha ese día caluroso de diciembre. Jugábamos el partido de vuelta de una semifinal del Nacional. Racing de Córdoba nos había ganado 4 a 0 en la ida, pero vaya a saber que extraño convencimiento nos llevaba a creer que lo podíamos dar vuelta.

Tomamos el bondi a Avellaneda (ya no teníamos el Fiat 800 que se había ido para pagar una deuda) y encaramos la larga caminata por la siempre convulsionada Alsina. Éramos miles los que caminábamos hacia el estadio de la Doble Visera envueltos en banderas, gorros y entonando cantitos que prometían que "vamos a salir campeón".

Llegando a las boleterías, vi que el viejo encaraba para la fila de la Popular. Debe haber visto la cara de decepción del nene acostumbrado a las cabinas y las plateas. Me dijo algo así como "hoy vamos acá, es mejor". No le creí. Entendí que era lo que se podía.

La fila de al lado, la de las butacas, era más ordenada. La de la General era un caos de empujones, gritos. Mi viejo -vale la pena recordar que lo suyo eran las letras más que las multitudes.- pujaba por llegar a la ventanilla, pero no avanzaba. De pronto lo vi salir de ese marea de compradores de último momento. "Vamos, esto no es para nosotros" me dijo.

Me salió de adentro un "Y si vamos a la platea?" Creo que mi pregunta fue un puñal. Me contestó "No tenemos plata". Recuerdo la sequedad de la respuesta. Hoy entiendo que era la última armadura de un tipo disminuido, que no podía cumplirle "algo" a su hijo. Era grave? No, claro que no. Pero evidentemente para él tenía un simbolismo. Ya no era lo que había sido. No se le abrían las puertas de las cabinas. No llegaba a comprar dos plateas. Empezaba a no poder.

Con aire de vencidos, volvimos por Alsina, una calle que siempre me pareció horrenda. Mientras nos alejábamos del estadio, recuerdo haber escuchado el rugido de las tribunas, exaltadas por la salida del equipo.

A las pocas cuadras, mi viejo detuvo su caminata. Me miró y me dijo "esperá un segundo". Se sentó en el portal de una casita. "Qué te pasa?" le dije. "No me siento muy bien, ya se me pasa". Una señora que veía la escena desde adentro de la casa salió y le dio un vaso de agua. La situación no duró mucho, se recompuso rápido. Al rato estábamos de nuevo en el colectivo y media hora más tarde, en casa.

Lo que podría haber sido un simple sofocón, fue para mí una señal grave. No se bien porqué, pero ese día de diciembre, algo me dijo que mi viejo se me estaba muriendo. Tenía insólitos y jóvenes 53 años, pero fumaba mucho, había tenido un pre infarto un par de años antes, no se cuidaba. Y estaba (comprendí muchos años después) muy deprimido.

Rodolfo se fue un año y medio después, sin dar demasiada lucha, sin comprender que era más importante cuidarse que entregarse al vicio que lo había tomado a los 14 años y del que, para colmo, estaba orgulloso. Nos dejó rápido. Mi enojo con él, por no haber estado, por no haber bancado, por no haber peleado, duró años. Muchos años.

Ese hombre que se fue envuelto en debilidades, antes de apagarse, fue mi ídolo. Ese porteño tanguero que no me legó un mango, me dejó un puñado de cosas invalorables: el gusto por la historia, la pasión por la lectura, el placer por una buena partida de ajedrez, el ateísmo, una imagen de decencia inquebrantable que fue clave para que yo no me desviara cuando me tentaron. Y claro, el paladar negro de hincha de Independiente.

De muy chico aprendí dos versos: Maril, De la Mata, Erico, Sastre y Zorrilla (el primero) y Miceli, Ceconatto, Lacacia, Grillo y Cruz (el segundo). Se dicen de corrido, rápido, porque decirlo así es señal de que sabes.

Nos recuerdo embanderando juntos la casa, mientras esperábamos que la Central Terrena de Balcarce retransmitiera la señal de alguna final de la Libertadores jugada en Montevideo, en San Pablo, en Santiago. Nos veo saltando y gritando goles de Bertoni que ya van a venir, repitiendo Bo Bo Chini hasta la afonía, aplaudiendo barridas de Pancho Sa, corajeadas del Mencho Balbuena, tiros libres de Pavoni. Me gustaba escuchar aquella anécdota de una tarde en la que Bernao se había acercado a plena platea baja y le había dedicado un gol a mi vieja. Amaba a Boneco, aquel perro pulgoso que salía a la cancha con el primer equipo, llevando en su boca el banderín del CAI.

Cuando yo era chiquito, Rodolfo solía venir con un caramelo. Me lo daba y me decía "te lo manda el señor Independiente". A veces, en vez de una golosina traía una aspirina. Ante mi mirada de asco, respondía "te la manda el señor Racing". Era un tipo serio, pero cuando quería, tenía salidas memorables.

El viejo se fue en junio -vaya casualidad- del 82. No llegó a ver el gol de Percudani al Liverpool. Tampoco vivió esa tarde en la que salimos campeones frente a un Racing que descendía. Pero su vida estuvo repleta de vueltas olímpicas, de hazañas, de gloria internacional. De eso, se fue lleno.

Escribo esto en plena agonía. A no ser que obre un milagro, en tres semanas nos habremos ido a la B.

No se que pensaría Rodolfo ahora, pero estoy seguro que jamás se le cruzó por la cabeza que su invencible equipo repleto de copas, estuviese así, casi sentenciado, a días de adquirir esa mancha imborrable.

Me costó añares despedirlo, hacer un duelo como corresponde. Creo que una buena parte de mi tristeza actual tiene que ver con que no puedo parar de recordarlo. De recordarte.

Volvé viejo. Aparecete de traje, envuelto en una bandera roja. Decime que todo esto es una aspirina que me mandó el señor Racing. Que nosotros comemos caramelos, porque los amargos son ellos. Enseñame de nuevo a aplaudir un sombrerito del Bocha. Agarrame de la mano para gritar un gol de Bertoni.

Si no podes volver, te entiendo. Ya es hora de bancármela solo. Seré digno. Aunque, te aviso. A escondidas de Lola, voy a llorar.

Chau viejito. Descansá en el cielo inexistente de los ateos. Algún día vamos a volver.

Este también es un modo, tardío, de despedirte".

(Esta carta circuló profusamente en Internet, en la semana posterior al empate con Estudiantes y muestra todo el sentimiento que hay por estos colores. También muestra como ante la posibilidad muy cierta de descender, aún no caemos en la cuenta de porque llegamos tan bajo. Afectos que no se adquieren en el shopping. Sentimientos que se encuentran anclados en lo más profundo del alma)
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