lunes, 8 de abril de 2013

Cita a ciegas con el llanto




Hoy viernes, a las 21 hs jugamos con All Boys en Floresta. A cinco cuadras de esa cancha, los vecinos del lugar cortan la Av. Gaona en protesta porque todavía no le han devuelto a sus hogares la luz eléctrica.
El fútbol profesional es una maquinaria de poder perfecto y no se paraliza ni siquiera ante la tragedia. La lluvia se llevó la vida de cincuenta y cuatro argentinos en La Plata y su periferia. Otros seis las perdieron en Capital Federal. Todo ellos fueron víctimas del mismo fenómeno climático, la corrupción política.
No han pasado más de setenta y dos horas del desastre y el fútbol arranca como si nada hubiera pasados.
Cuestiones laborales hicieron que a la hora del encuentro me encontrara a bordo de un micro volviendo de Santa Fe hasta Buenos Aires-
Entre Rosario y Zarate, la FM de mi celular no capta ninguna estación que este transmitiendo el partido. Vislumbro que me anoticiaré del resultado cuando después de la dos de la mañana del sábado, llegue a casa, un pronostico que con el transcurrir de los kilómetros me hubiera resultado más digerible que lo que definitiva sucedió.
Las postrimerías de un fin de semana largo eterno, se encontró en el lunes por la noche con un diluvio en la Capital Federal que dejo a barrios de la ciudad con un metro o más de agua dentro de las casas. A partir de allí , más allá de los automóviles que flotaban en garajes subterráneos o atravesaban las calles llevados por las correntadas, el barrio que se ubica detrás del último shopping inaugurado sobre la zona norte de Buenos Aires veía como sus calles y casas se iban rápidamente se iban llenando de agua como producto del trabajo de las bombas de desagote del centro comercial que dejaban a salvo al lujo y el exhibicionismo e inundaban los hogares de los laburantes.
Los ricos secos y el pobrerío inundado, pertenecer tiene sus provechos que incluyen el de cagarte en los demás.

Un tipo sentado en el asiento ubicado delante del mío, tiene entre sus manos un smartphones que le permiten captar la señal de Televisión Digital Abierta y ver el partido.
Pero la pantalla no es tan generosa en tamaño para permitir no otra cosa que distinguir pequeños muñequitos con distintos colores de camiseta en donde rara vez se logra divisar donde se encuentra la pelota.
Aquella madrugada de martes, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con inundación y muertes; sorprende a su Jefe de Gobierno y a la mitad de su Gabinete fuera del país.
En clásico porteño, Macri al momento de producirse un desastre en el territorio que los votantes le han confiado para gobernar...se encuentra a no menos de 10.000 kilómetros de distancia de ellos.
Dados su continuos viajes en los momentos menos oportunos, Macri debería ser nombrado como el turista que más veces ha venido a visitar la ciudad de Buenos Aires.
En la pantalla diminuta de mi eventual compañero de viaje, distingo que nos acabamos de perder un gol sin identificar quien es esta vez el autor de la animalada. A esta altura ningún jugador de Independiente desentona frente al arco rival; todos los tiran afuera.
La tormenta porteña dio margen al colectivo oficialista que puebla las redes sociales para remarcar la incapacidad macrista para gestionar la administración pública. Pero ese señalamiento fue llevado hasta la exasperación de modo tal que entre la delgada linea entre la critica con sarcasmo y la burla sobre las víctimas de las desgracias, muchos prefirieron transpasar la frontera para mofarse de los que se encontraban bajo las aguas.
Algunos escribieron en distintos sitios, el merecimiento de ser víctimas de estas desgracias por poblar un territorio gobernado por la derecha. Interpretando que los inundados de la Capital Federal conforman ese sector de la población que rechaza la Asignación Universal por Hijos, la nacionalización de YPF y la restricción a la compra de dólares. Vincular el lugar donde se vive al parido que gobierna el mismo para desde allí considerar a los mismos merecedores de toda desgracia, marca de forma clara la irracionalidad y estupidez con la que se sostienen la posiciones políticas en la Argentina.
Mi vecino de asiento, empieza a desplegar hacia atrás su asiento que aunque me asegura una mayor cercanía con la pantalla también van marcando que al tipo el partido le chupa un huevo y dentro de algunos instantes dará comienzo a una serenata de ronquidos. Antes de que ello ocurra, recibo un mensaje de texto de uno de los dos hinchas de boca que fecha tras fecha me esparcen sal sobre la herida en cada partido que a nosotros nos va como el tuje.  La invocación de un prócer argentino y su vinculación con nuestro probable descenso hace que me vuelque hacia delante para las ver las últimas imágenes del partido a través el celular ajeno. Sarmiento y un tiro libre hacen que de ahí en más no hubiera posición en el asiento me quedara cómoda. Durante el resto del primer tiempo comienzo a recibir una catarata de mensajes de texto , que de la cargada que se soporta aún a desgano pasan tomar un cariz de crueldad que me obligan a contenerme para no contestar con una contraofensiva de golpes bajos.
Al día siguiente de la inundación en Capital Federal, el diluvio se volcó sobre la ciudad de La Plata y arrasó con todo lo que se cruzó. Con más de cincuenta muertos, el intendente de la ciudad (en un versión bonaerense de Macri) se encontraban disfrutando de las playas brasileñas. No conforme con con estar en el momento más dificil de la vida de sus votantes, el hipócrita quiso disfrazar su ausencia subiendo el Twitter una foto colaborando con vecinos de la Ciudad...en otra ocasión. O sea que aparte de vago y mentiroso, un gran hijo de puta este Bruera.
Más allá la solidaridad de lo que menos tienen para los que lo perdieron todo, emociona y te esperanza en que por ahí en alguna de esas podemos hechar a estas lacras y hacer una sociedad mejor para todos.
Pasando San Nicolás una nueva tanda de mensajes me anotician del segundo gol albo, sobre el final del partido a manos de un tal Vildozo. Termina el partido y al turro que me envía " Se van para la B y ahora me divierto viéndolos llorar por la televisión pública" le deseo una espiral de maldiciones gitanas. Los llantos no los veo, pero no son dificiles de imaginar. Retiro me recibe en una noche húmeda y primaveral. No veo la hora de llegar a casa e irme a dormir. Aunque finalmente se me dificulte conciliar el sueño es claro que a esta altura del partido, a todos nos tapó el agua.


No hay comentarios:

Publicar un comentario