sábado, 13 de abril de 2013

Orgullo por la sangre




"A menudo los hijos se nos parecen,
así nos dan la primera satisfacción;..
...Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma,
nuestros rencores y nuestro porvenir.
.. Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un día nos digan adiós"

(Esos Locos Bajitos, Joan Manuel Serrat)


"Nene, ya está, cálmate. Estos delincuentes no quieren a Independiente como nosotros. Nosotros vamos a estar siempre y ello solo cuando aparezca la plata”
Tomándolo de los hombros y mirándolo a los ojos, un vecino de platea trata de calmar a Axel, quien   desde el balcón de la tribuna se desgañitó puteando contra una centena de lúmpenes disfrazados de hinchas trataban de destrozar el alambrado que divide la popular local de las plateas bajas.
Su reiterado grito de guerra , “hijos de puta, no rompan la cancha” lo dejó afónico y con su cuerpo tembloroso. Bajo los cinco escalones que nos separan y lo estrecho en un fuerte abrazo, tratando de contenerlo poniendo su cabeza en mi pecho.
En silencio, y con una amargura que jamás hubiera imaginado, nos quedamos anclados en ese abrazo tratando que el dolor se vaya mitigando.
En esta herencia pasional, lamento no haberle podido transmitirle a este adolescente el independiente que su abuelo me dejó a mi.
Conmovidos  y viéndose reflejados, otros hinchas palmean a Axel con afecto y con sus ojos humedecidos tratan de buscar la puerta de salida.
Orgullo, es el sentimiento que puebla mi noche en el estadio; más allá que los que reinen en el Libertadores de América sean otros: bronca, rencor, tristeza, desesperanza, desolación, resignación.
Dice el refrán popular que lo que se hereda no se roba, y me enorgullezco porque veo que este amor que empezó con Arturo y se transmitió por dos generaciones es  pasión en estado puro por una camiseta; nada más y nada menos.
“Hijos de puta, no rompan la cancha”  es una definición tajante acerca de cuales son los sentimientos que nos unen al rojo. Amor a los colores, a nuestra historia y a nuestra casa.
Nadie destruye su hogar porque es despedido del trabajo o por sufre una crisis conyugal; pero este fútbol infectado por la delincuencia y la mafia ha plagado los diarios de asesinatos donde el fútbol aparece involucrado por supuestos “fanáticos” de algún club. De eso da cuenta las noticias sobre la detención de Migliore acusado de encubrimiento por un  asesinato cometido por un barra brava de Boca, el apresamiento  de cinco hinchas de Racing acusados de matar a un periodista partidario de su mismo club y la aparición de un cadáver bajo las  tribunas de la cancha de Velez luego de un partido por la Copa Libertadores.
La noche cierra estos siete días desde la derrota en Floresta, en donde la renuncia del Tolo Gallego se barajó como una posibilidad y los violentos de siempre quisieron modificar la suerte de los resultados a través de los aprietes y amenazas de muertes hacia los jugadores.
Notificarle a los futbolistas que van a ser asesinados si el club desciende, no tiene nada que ver con el fútbol sino con el delito y el Código Penal.
Los medios exhiben la miserable polémica entre los gobiernos y la justicia, sobre cuál es la cantidad de muertos que dejaron las inundaciones producidos por las  inundaciones como si cincuenta y dos muertos hubieran sido víctimas de la naturaleza y cincuenta y tres dejara al descubierto el poco tiempo que le ha dedicado la dirigencia política a pensar un país que casualmente es el nuestro y de donde ellos recolectan los votos que le permiten enriquecerse, conocer distintos lugares del mundos, realizar compras en shoppings de Europa y Estados Unidos como si fueran jeques árabes y en definitiva tomarnos permanentemente como pelotudos.
Cuando miles de familias no han retornado aún a sus casas y aquellas cuyas posibilidades de retornar se vuelve estéril porque entre esas cuatro paredes de ladrillos o chapa ya no hay muebles o enceres que puedan ser utilizados, los políticos hacen sus apuestas acerca de que ficha jugar para sacar mejor partido de la tragedia.
 La disputa acerca de las pecheras que se ponen los militantes para hacer llegar los alimentos y ropas que donan los integrantes de una masa que no se pone  a distinguir a quien votó los que se quedaron con dos metros de agua en la casa; es sencillamente miserable y el asco no tiene límites.
La Presidenta, para romper su costumbre de ausentarse ante las tragedias, con rapidez de reflejos estuvo con los inundados de La Plata dos días después de los hechos. Pero su primer mensaje en cadena fue para anunciar...la democratización de la justicia.
Con el atardecer del viernes, las cautelares, los tribunales de casación y el acceso democrático a los puestos tribunalicios nos hace llegar exhaustos y contra reloj al horario de comienzo del partido. El subte que nos llevaría hasta Congreso, decide empacarse en la estación en Loria, obligándonos a bajarnos de la formación y caminar cuatro cuadras hasta la Avda. Belgrano y espera que algún colectivo nos aproxime a la mitad del recorrido. Sin margen, llamo a un compañero de trabajo que anda por la zona para pedirle el favor de alcanzarnos en su auto hasta Avellaneda ; su corazón rojo se apiada de nosotros y nos hace llegar solo con el partido comenzado con solo cinco minutos.
Las ultimas seis cuadras corridas en la medida en que mi lamentable estado físico lo permitió; nos hizo notar el profundo silencio que circundaba al estadio. Un silencio, que hasta nos hizo dudar acerca del horario de comienzo. Un silencio premonitorio.
Los primeros treinta minutos, fueron distintos a todos los anteriores partidos. No manejamos ni el campo ni la pelota. Pese a que delante nuestro estaba Unión, el peor equipo del fútbol argentino. La democratizante mediocridad de fútbol argentino, hizo que eso no pudiera distinguirse. Y de tanta confusión, el nuestro rival tuvo tres mano a mano con nuestro arquero, que no fueron goles porque en todos los casos los encargados de definir sintieron que el arco se vuelve pequeño ante esas ocasiones.
Alguien exclama que, este partido lo ganamos. Fundamenta su posición en un viejo axioma del fútbol...los goles que no haces, te los terminan haciendo.
Después de esa siesta en la que independiente se había entregado, el Rolfi comienza a tejer los hilos, Vargas se hace patrón del medio, el pibe Fernandez demuestra su habilidades y coraje para encarar defensores contrarios y Fredes recuerda que por sus venas corre algo parecido a la sangre.
Fernandez, aprovecha un corner y peleando para dominar la pelota quizás hasta con su propio brazo, logra meter el primero y provoca que por un rato creamos que las rachas también se cortan.
El mismo Fernandez, tiene el segundo en su pies pero su tiro a colocar al segundo palo del arquero sale muy lejos. Con una ventaja ajustada e injusta termina el primer tiempo.
En segundo tiempo se retiran Vargas y Mancuello lastimados y Tolo completa los cambios instalando cinco mediocampistas para asegurar la pelota. Poblamos el mediocampo, pero la pelota la vimos correr en los pies de los delanteros de Unión que a traves de los cambios que puso el colorado Sava fue a buscar el dominio, el control y el empate del partido. Pelota corta, con un compañero que se ofrece como permanente descarga. Con esa fórmula antiquísima, el costado derecho de la defensa de Independiente hace agua una vez tras otra. De ese traslado al piso de balón surge un exceso de confianza de los tatengues que le permite a Zapata robar un pelota tirársela a Montenegro que se lleva tres defensores a la rastra dejando el area de Unión despoblada de centrales, su pase al Malevo Ferreira casi llegando al punto del penal totalmente solo vislumbra el cierre del partido. Pero no, el empecinamiento de los delanteros rojos para ponerle sutileza a las definiciones sencillas termina como siempre en un tiro desviado.
El desprecio de los jugadores rojos por los tiros fuertes pero efectivos, derivados de tomarla de lleno con el empeine y con el poco reconocido puntín ha derivado que en lo que va del campeonato en habernos perdido no menos de diez goles. Goles de los hechos, de los que no se erran, de los imposibles de desperdiciar. Goles errados que ya nos han hecho perder no menos de ocho puntos y que posiblemente sean los que lloremos cuando esta historia termine.
Unión insiste en el juego asociado y en un centro, en el que inexplicablemente tiramos el achique uno de los recien entrados cabecea solo en área y decreta el empate.
En ese instante, toda la hinchada roja empieza a esperar cualquier cosa menos una buena noticia. No quedan ganas, ni arrestos ni fibra para ir a buscar el partido. Un equipo sin corazón, se empata solo el partido y nos hace sentir que nuestro destino es casi irreversible.
Volvemos a Capital, cenamos con Axel en silencio. Apenas intercambiamos tres o cuatros frases con el mozo que siempre nos atiende. No es momento para postres ni café. Rápidamente pedimos la cuenta y tratamos que esta noche se vaya de una vez por todas.
Mientras me despido de Axel en la puerta del taxi que lo lleva hasta su casa, la Avenida Rivadavia es testigo de ese abrazo y ese beso que le doy emocionado solo para expresarle “Estoy orgulloso de vos”.  


No hay comentarios:

Publicar un comentario