Más allá de la abultada estadística a favor de los millonarios, el empate del último sábado ante Estudiantes, ya nos dejó a medio paso del abismo. Nuestro empate, el triunfo de Argentinos ante nuestros rivales de hoy y el de los sanjuaninos ante.Tigre.; nos dejó en manos de la providencia y de los milagros matemáticos.
Desde hace muchos fin de semanas, la fecha de fútbol termina cuando finalizan los partidos que jugamos nosotros, Argentinos, Quilmes y San Martín. Jugamos partidos de trescientos sesenta minutos o más. Es muy difícil resistir la tentación de mandar todo al carajo y esperar solamente la lectura de los suplementos deportivos el lunes o martes, según cuando termine de jugar los integrantes de este cuarteto de la muerte.
Diego Rodríguez; Julián Velázquez; Cristian Tula; Claudio Morel Rodríguez; Lucas Villalba; Hernán Fredes; Fabián Vargas: Juan Manuel Trejo; Daniel Montenegro; Leonel Miranda; Adrián Fernández:
Una formación que viene marcando una tendencia que se fue delineando después del bochorno en Rafaela, cada vez menor cantidad de jugadores con experiencia y que no aportaron nada en favor del equipo y mayor cantidad de pibes de las inferiores para los que esta situación de salir a la cancha les resulta una mochila de plomo.
Salimos a jugarlo de igual a igual; y Fredes lo tuvo en los primeros quince en un cabezazo solo que quedó en las manos de Barovero. Un centro y una cortada para ir a buscar la pelota que mereció mejor suerte y que terminó en un globo para agregar a la larga galería de goles que no hicimos a lo largo de este campeonato.
Diez minutos más tarde, en un lateral a nuestro favor en nuesta zona defensiva, se la terminamos regalando a los atacantes de River; en gran parte por una distracción de Fredes que no peleó una pelota que lo tenía como destinataria; terminó en un pase y dos rebotes dignos de un pinball que lo deja a Iturbe solo en el area chica para empujar la pelota y que nuestro esceptisismo se vuelva en desesperanza
iDe allí en más River tomo infulas de un equipo que no es, el aparenta con su posición en la tabla y que es producto del mediocre e irregular fútbol argentino. Con la confianza del gol y la desesperación de los nuestros los espacios para el contrario comenzaron a aparecer. Y nosotros no empezamos a perder en las posiciones, en el juego y en el fondo de la tabla. Demasiado drama para que se puedan hacer cargo varios pibes que tienen menos de diez partidos en primera. Fernandez, después de su auspicioso debut con cuatro goles en dos o tres partidos que sirvieron al menos para decretarle el retiro efectivo al Tecla Farías, se perdió chocando contra los defensores de River en esos pelotazos boleados por pibes como Miranda y Trejo a los que el escenario le agregaba diez kilos a los botines, y los de Rolfi perdido en la bruma de los fantasma del descenso.
Tuvimos sobre el final del primer tiempo, un oportunidad para empatar. Desde fuera del area Miranda trata de colocarla sobre el segundo palo de Barovero y este confirma que una buena tarde cualquier arquero nos cierra las cortinas hacia el gol.
El segundo tiempo pasa con la pelota en posesión de River, y queda de nuestro lado la desesperación, la falta de ideas y la certeza que la suerte ya esta echada.
En un contrataque veloz, un pibe de los millonarios con nombre raro le coloca un bocha a correr a Iturbe que en una corrida de veinte metros con la pelota en los pies le saca por lo menos cinco a Morel Rodriguez que le permite llegar al fondo de la linea con una tranquilidad que le permite mirar quien viene por el centro del ataque y ponérsela en los pies de Lanzini para que con cara interna del botin se la clave en el segundo palo del Ruso Rodríguez. Ese segundo gol, es el argumento para que un centenar de delincuentes disfrazados de hinchas traten de provocar destrozos en el Monumental que lo habiliten al árbitro para suspender el partido. Por suerte, no lo logran. Lo que perdemos, lo perdemos en ese rectángulo verde; y eso es ya suficiente para agregarle un informe policial.
En este segundo tiempo intentamos con Luciano Leguizamón; Osmar Ferreyra; y Francisco Pizzini. Dos fracasos y uno de los pibes que no cambiaron en absoluto la historia que ya estaba marcada. La televisión se queda con la imagen de Fredes sentado en el banco de suplentes con lágrimas en los ojos. Lágrimas incomparables con la de todos los que estamos en la cancha, frente al televisor o en el fondo del patio, ya no queriendo ver ni escuchar nada de esta historia.
El zapatazo de Rolfi desde treinta metros que se mete en la ratonera del uno de River, es ya solo una anécdota para las estadísticas. Quizás un gol que hubiera servido en las primeras cinco fechas para animar a un equipo sin alma, en esta tarde es solo un dato que ya no interesa a nadie.
Cae la tarde, el partido termina. River nos sentencia a lo mismo que ellos vivieron hace dos años.Mañana por la noche Argentinos juega ante San Lorenzo, y una derrota del bicho nos daría alguna esperanza desde los números.Las victoria de Quilmes ante Arsenal y la de San Martín ante Belgrano en la noche del sábado nos deja sin ninguna posibilidad que cualquier cosa que pase dependa solo de nosotros. Quedamos a la espera que la desgracia se derrame sobre San Juan y La Paternal, pero las matemáticas tienen pocas características divinas
Tuvimos sobre el final del primer tiempo, un oportunidad para empatar. Desde fuera del area Miranda trata de colocarla sobre el segundo palo de Barovero y este confirma que una buena tarde cualquier arquero nos cierra las cortinas hacia el gol.
El segundo tiempo pasa con la pelota en posesión de River, y queda de nuestro lado la desesperación, la falta de ideas y la certeza que la suerte ya esta echada.
En un contrataque veloz, un pibe de los millonarios con nombre raro le coloca un bocha a correr a Iturbe que en una corrida de veinte metros con la pelota en los pies le saca por lo menos cinco a Morel Rodriguez que le permite llegar al fondo de la linea con una tranquilidad que le permite mirar quien viene por el centro del ataque y ponérsela en los pies de Lanzini para que con cara interna del botin se la clave en el segundo palo del Ruso Rodríguez. Ese segundo gol, es el argumento para que un centenar de delincuentes disfrazados de hinchas traten de provocar destrozos en el Monumental que lo habiliten al árbitro para suspender el partido. Por suerte, no lo logran. Lo que perdemos, lo perdemos en ese rectángulo verde; y eso es ya suficiente para agregarle un informe policial.
En este segundo tiempo intentamos con Luciano Leguizamón; Osmar Ferreyra; y Francisco Pizzini. Dos fracasos y uno de los pibes que no cambiaron en absoluto la historia que ya estaba marcada. La televisión se queda con la imagen de Fredes sentado en el banco de suplentes con lágrimas en los ojos. Lágrimas incomparables con la de todos los que estamos en la cancha, frente al televisor o en el fondo del patio, ya no queriendo ver ni escuchar nada de esta historia.
El zapatazo de Rolfi desde treinta metros que se mete en la ratonera del uno de River, es ya solo una anécdota para las estadísticas. Quizás un gol que hubiera servido en las primeras cinco fechas para animar a un equipo sin alma, en esta tarde es solo un dato que ya no interesa a nadie.
Cae la tarde, el partido termina. River nos sentencia a lo mismo que ellos vivieron hace dos años.Mañana por la noche Argentinos juega ante San Lorenzo, y una derrota del bicho nos daría alguna esperanza desde los números.Las victoria de Quilmes ante Arsenal y la de San Martín ante Belgrano en la noche del sábado nos deja sin ninguna posibilidad que cualquier cosa que pase dependa solo de nosotros. Quedamos a la espera que la desgracia se derrame sobre San Juan y La Paternal, pero las matemáticas tienen pocas características divinas
