Transcurrían treinta minutos del segundo tiempo, de pronto sentí un par de golpes de una manito que trataba de encontrar una respuesta a un interrogante que lo acongojaba. " Vamos mal, no? " Al girar mi cabeza hacia mi derecha, la pregunta de mi vecino de platea encontró solo balbuceos de mi parte. Como dar una respuesta contundente y cierta ante tamaña duda , cuyo emisor es un pibito de cinco años? Su carita, a mitad del desconsuelo y la tristeza; me dejó solamente la posibilidad de hacer gesticulaciones incomprensibles.
Munido con su equipo de Independiente completo, pateó con sus botines todos los papeles que encontró en el piso sin que esos puntinazos le dieran una respuesta. El escurrir de los minutos, la cercanía de un final de partido indeseado, el retorno más cierto que nunca de las pesadillas, las pocas respuestas que entregaba el equipo en la cancha; hicieron que esa pregunta me abrumara. Porque la hacía alguien al que no se te ocurre otra cosa que brindarle respuestas tranquilizadoras, finales felices, chocolatines en el entretiempo y una coca y un pancho al final del encuentro.Como carajo tener una respuesta que pudiera dejarlo conforme?
Inocencia en estado puro en su pregunta; amargura, decepción y bronca en mi estúpida respuesta.
Si esa sensación de desaliento invadía a un chico de cinco años, como poder describir el ánimo de quienes tienen diez, veinte, treinta, cuarenta o más años sobre el lomo de venir a la cancha?
Con un formación repleta de pibes de la cantera (el ruso Rodriguez, Villalba, Velazquez, Trejo, Godoy, Monserrat desde el arranque y después la entrada de Fernandez, Eloy Rodriguez y Fredes) y solo una minoría de veteranos supuestamente más preparados para estas batallas (Tula, Morel, Vargas y Montenegro).
Independiente regalo un tiempo, así de claro. Con solo el Negro Caicedo de punta y sin poder tener jamás el control del medio campo como producto de las bajas actuaciones de Vargas y Godoy; la sensación que a Monserrat el partido siempre le quedó grande y el Rolfi jugando siempre de espaldas al arco; solo un par de jugadas de riesgo en el primer tiempo (incluido un gol de cabeza anulado por un claro fuera de juego) parecían totalmente insuficientes para ganar un partido en el que nos juzgamos tanto o casi todo.
A las tres de la tarde, mientras entre varios de la platea recorríamos estos tres años de errores y horrores que podrían ser evitados con una cuenta muy pequeña pero que a esta altura del sábado era realmente inalcanzable. Si hubiéramos sacado tres puntos más en cada uno de los cuatro campeonato, no estaríamos en este estado....Tres puntos más por campeonato! Solo esa boludez que se encuentra tanto o más lejano que Neptuno.
A esta altura, las suspicacias, los rumores y todo el manto de sospecha sobre la derrota de Racing ante Quilmes era ya historia lejana. Sinceramente Racing, es un equipo indescifrable, ni Zubeldía puede explicar seriamente a que juega ese equipo. Y como si esto fuera poco, si Racing hubiera jugado ante Quilmes como lo hizo contra nosotros; nadie hubiera puesto en duda que el partido estaba arreglado. Pero no, el fútbol argentino es tan mediocre, mezquino, y gris, que cualquiera puede ganarle a cualquiera. No porque hay un nivel competitivo de juego, sino porque la mayoría de los equipos de fútbol argentino son de un nivel horrible tendiendo a espantosos. De ese naufragio hoy solo se salva Newell¨s que con un equipo bastante estructurado y tres o cuatro jugadores que te la devuelven redonda, logró el milagro de arrancar el año pasado con un promedio menor al nuestro y olvidarse del descenso y dar peleas en tres campeonatos distintos con no más de dieciocho a veinte jugadores.
Las malas noticias empezaron el viernes con el triunfo de Quilmes, las continuamos en el protagonico nosotros con el 0-0 ante Estudiantes, prosiguieron el domingo a la noche con Argentinos vapuleando a River dos a Cero y terminan hoy lunes (día en que termino de escribir está drama futbolero) con los sanjuaninos ganándole a Tigre.
Las cartas están casi todas echadas, comienza el camino de poder procesar de la mejor manera este momento. Tratar que la bronca y la locura vaya bajando de decibeles, procesar el duelo el tiempo necesario, para volver a tomar fuerzas con las que aferrarse a una ilusión
Podrán declarar inconstitucional la elección del Consejo de la Magistratura, Cristina podrá seguir bastardeando a Scioli como un chico que trae malas notas del Colegio, y aunque a La Campora y Moreno le funcione el control de precios y Lázaro Baez decida devolver toda la guita de las bóvedas ; en este lunes de junio solo se me ocurre lamentarme por no tener a mano una mentira piadosa que hubiera podido dejar tranquilo en esa tarde de junio a un pibe de cinco años..

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