domingo, 10 de marzo de 2013

La necesidad de agrandar los arcos


La semana posterior a la derrota con Arsenal, es la vuelta a los viejos temores. Temores que a medida que pasan las fechas se vuelven resignación y elaboración de acciones que amortigüen los efectos que pudieran producirse si la condena al descenso fatalmente llegue. Preocupados por la suerte de Argentinos, San Martín de San Juan ,Quilmes y Unión la calculadora se queda sin papel y las pilas se consumen por alto consumo.
Se confirma que el Rolfi, no va a ser de la partida contra Godoy Cruz y sin querer hablarlo, todos sabemos que sin él este equipo es el mismo que viene navegando entre la intrascendencia y la mediocridad desde hace más de un año.

La muerte de Chavez, deja para otro momento las peleas diarias por la re reelección  la democratización de la justicia, y el tratado con Irán. 
Su desaparición física, algo que suponía sucedería en un corto lapso dada la gravedad de la enfermedad que lo aquejaba pese al operativo de silencio y falsas acciones esperanzadoras que se publicitaban realizadas por una persona que todo el mundo suponía moribundo; abre un interrogante acerca sobre el futuro del socialismo del siglo XXI denominación que el mismo Chavez le dió a su proyecto político. 
El que no se engañaba era el mismo Chavez, que ya en diciembre había designado a Nicolás Maduro como su sucesor. Como todos los movimientos políticos sustentados en el carisma de un fuerte liderazgo unipersonal; la desaparición del líder pone a esos movimientos en la encrucijada de reconvertir su construcción o desaparecer bajo el fuego graneado las peleas internas de quienes pretenden detentar la llama sagrada de los líderes desaparecidos. Algo es incuestionable, Venezuela después de Chavez jamás será misma.
Para los chavistas, el proceso es irreversible y bajo la advocación de su líder, la profundización del modelo superará las internas por su sucesión.
Desde el lado del antichavismo más visceral, se cree que muerto el perro se acabó la rabia.
Una oposición sin rumbo ni proyecto superador, todavía demora el debate sobre su responsabilidad para que un fenómeno de masas como el Chavismo haya tenido un éxito arrollador desde la génesis del movimiento mismo. La antigua casta política venezolana tendrá que asumir su responsabilidad histórica sobre la injusta sociedad que construyeron, sumiendo a las clases populares a la pobreza extrema y a la marginalidad. Mientras las masas eran excluidas de toda la riqueza que el subsuelo caribeño hacía brotar por la generación de millones de petrodoláres, la oligarquía dilapidaba esas riquezas distribuyendola entre muy pocas manos.
Su funeral convocó a millones de venezolanos, y sus imágenes solo pueden ser comparadas a las exequias realizadas ante la muerte del Gral. Perón, dentro del marco sudamericano.
Este suceso provocó el vuelo hacia Caracas de casi todo el kirchnerismo, con la Presidenta a la cabeza; y conjuntamente la mayoría de los referentes opositores ubicados en la centro izquierda.
Ante tamaño éxodo  la ciudad de Buenos Aires quedó a merced de su Jefe de Gobierno y Mauricio Macri no lo desaprovechó. Adelantó dos días la reapertura de la linea A de subterráneos  que estuvo inactiva por dos meses a fin de producir el recambio de sus centenarios coches por otros más modernos con fresquitos treinta años de vida. El sistema de transporte público argentino se encuentra en un estado tan ruinoso, que la incorporación de formaciones con aire acondicionado se celebra como si en Buenos Aires se inaugurara el TGV.

Llegó el viernes y empezamos el peregrinar hacia Avellaneda. Los colectivos hacia el Gran Buenos Aires, cualquiera fuera el punto de destino, vienen con tantos pasajeros que difícilmente el primero que llega a la parada pueda ser abordado.
Después de diez minutos, llega el nuestro y en una distracción se me cae la SUBE al piso. Los colectiveros no se encuentran dispuestos a cortesías, y ante ello el chófer encuentra la justificación de poner primera y dejarnos de a pie. Ese traspié desembocó en treinta minutos de espera para la llegada de la próxima unidad y rezando para que el mismo no siguiera de largo como veíamos con la otra linea de ómnibus que tenía la parada en el mismo lugar. Nuestro colectivo se apiada de nuestra suerte, y nos para para poner rumbo hacia Avellaneda. Creo que fuimos los últimos privilegiados, desde Once hasta Avellaneda vimos como parada tras parada grupos de cinco a diez personas se quedaban con la mano en alto sin que el chófer se diera por enterado que los usuarios del servicio que le paga el sueldo son esos cristianos que abren las mano como esperando una explicación del cielo. Presentimos que esa resignación ante la indiferencia de los chóferes es cosa diaria y que de tanto producirse,  la bronca se ha transformado en resignación.
Diez minutos antes del inicio del  partido, nos encontramos a cuatro cuadras del estadio. Ya estamos. O casi. Eso depende de la voluntad del operativo policial, que pareciera estar a cargo del Presidente de Racing. Cuesta creer que se armen dos cercos, amontonando a miles de tipos a tres cuadra de la cancha cuando faltan cinco minutos para empezar el partido, en un encuentro en la que la presencia de los hinchas locales es superior al noventa y ocho por ciento del total de los asistentes y los visitantes ya hace una hora que ingresaron. Una nueva forma de tratar de desalentarte de concurrir a los estadios. Se olvidan que ver los partidos con los relatos de los periodistas de Fútbol para Todos es una tortura, que cualquier molestia para arribar a los estadios es un daño menor.
Finalmente llegamos, y a los tres minutos ya Velazquez se lleva una pelota por delante con la cabeza (tildar a eso de cabezazo me parece una exageración) y la estrella en el palo.El rebote milagrosamente puede ser rechazado por los mendocinos.En los primeros quince minutos entre Ferreyra y Miranda desperdician otras dos oportunidades y parece que el gol se encuentra cerca.
Pasan los primeros quince minutos y paulatinamente, Independiente considera que esos son los minutos que un equipo tiene que ir a buscar el partido mientras Godoy Cruz empieza a tener el dominio de la pelota y nuestros mediocampistas empiezan a correr a los rivales más que tener el balón en sus pies. Algún contraataque de los mendocinos, nos hace recordar que tan desajustada queda la defensa cuando la pelota se juega a espaldas de nuestros medios, sobre todo cuando Vargas no puede hacerse cargo todos los rivales.
La ausencia del Rolfi, se empieza a hacer cada vez notoria y a Miranda parece jugar con compañeros que no entienden que significa ir a buscar un pase en un espacio vacío.
Termina el primer tiempo, y en la cancha flota la sensación que no le podemos hacer un gol a nadie. El segundo tiempo empieza de igual manera que el primero dominio rojo, con poca ambición por parte del equipo que dirige Palermo. A los quince el  Tolo Gallego manda a la cancha al negro Caicedo, y en la euforia de la hinchada roja ante su ingreso me confirma que los hinchas de independiente tenemos la seguridad que compartir el color de piel lo ha transformado en el heredero indiscutido del amor que le hemos prodigado al entrañable Palomo Usuriaga.
Caicedo cumple, ni bien ingresado estrella una pelota en el palo y ahora sí pensamos que podemos. Diez minutos más tarde en una pelota cortada al vacío el negro encara y desde la cabecera opuesta donde el ataque sucede jamás podremos entender como su tiro pega en la parte interna del segundo palo de arquero y como mágicamente la pelota le viene a la manos para sacar largo; generar un contraataque que mediante un bochazo al borde del area roja Obolo se la baja de cabeza al atacante del Tomba que viene de frente y este lo colocoque desdes veinticinco al rincon derecho de Ruso Rodriguez.
Treinta segundos, solo treinta para ir de la euforia a la depresión colectiva. Tres tiros en los palos y cinco oportunidades de gol, no alcanzan para rebatir un contraataque sencillo de cuatro pases. Uno a cero y a cobrar. Quince minutos para la desesperación y un fin de semana para la depresión. Ya no vale la pena ni hacer cuentas, los colectivos tardan, el hambre es mucho. Cenamos con Axel en silencio y preferimos que el sueño  nos produzca una amnesia temporaria, que nos evite por un rato vivir esta desolación de estar convencidos que los arcos, cada vez vienen más pequeños

No hay comentarios:

Publicar un comentario