El segundo día de este invierno modelo 2013, nos ve despedirnos de la primera división.
En un plantel conformado por pibes de las inferiores, quizás algunos de ellos no volverán a tener el honor de ponerse esta camiseta en primera división.
Lo que pasó esta noche fue solo para cumplir, sin ganas para escribir lo sucedido en Santa Fe , este sitio nombra a los protagonistas y el Resumen del partido
Despedirse a tantos kilómetros de Buenos Aires, con la prohibición de público visitante; verlo por televisión se asemeja más a un acto de martirio militante que al placer de ver fútbol.
Los chicos hace lo que pueden y no lo hacen mal. Es lo que hay.
Ciento ocho años de historia, no merecen una noche como esta. Pero a la historia le importa bien poco los merecimientos, importan los hechos. Y los hechos demuestran es que a este desastroso momento no se llega por generación espontanea. Se llega por un cúmulo de cosas que, hoy en este frío sabado de junio, no merecen ser enumeradas.
Bastante larga ya fue la semana con fantasmas con la letra B, humos negros y coronas para no tratar de irse a dormir temprano un sábado como este
Cantamos porque el grito no es bastante Y no es bastante el llanto ni la bronca Cantamos porque creemos en la gente Y porque venceremos la derrota
(Mario Benedetti) Este quince de junio de 2013, será amargamente imborrable para el pueblo rojo. Llegamos al estadio, con más sensación de despedida que de esperanza.
Teniendo el amor por los colores como estandarte de guerra, llegamos para festejar nuestra pertenencia. Una reafirmación de nuestra entidad con toda la fuerza en las gargantas que pueda aún quedarnos sabiendo que el final puede ser solo uno.
En el Libertadores de América, quedarán flotando estos cánticos y las bengalas.
El partido, se jugaba en tres lugares distintos. En los tres lo perdimos. Se perdió en La Paternal, se perdió en San Juan y aunque ganar en Avellaneda no hubiera revertido nuestro destino de Nacional B, se perdió también en casa.
Sin perjuicio de tanta tristeza, ganamos en hidalguía. Temple para bancarse la tarde más negra del rojo, bancándosela a puro grito en apoyo de los pibes que tuvieron que salir a poner la cara en la parada más difícil en la historia de nuestro. Cánticos para reafirmar que desde la cuna hasta el cajón nuestro corazón no cambiará de colores.
Con un dolor inimaginable y con lágrimas en todos los rincones del estadio, nunca la violencia se apoderó de nuestra tristeza.Eso nos tiene que poner orgullosos.
En toda la locura que envuelve al fútbol argentino, quizás en esta tarde nosotros protagonizamos el único acto de cordura.
Nos quedamos cantando, por las alegrías que forman parte de nuestro acervo. Porque tenenos que soportar que la bronca y la ira no nos ganen la partida.
El partido fue solo una anecdota que permita cumplir con las formas y determine con resultados lo que ya sabiamos que estaba pronto a suceder.
Lo sabíamos todos: hinchas, jugadores, cuerpo técnico y dirigentes. El equipo jugó como lo sintió, que nada que pudiera hacer podría cambiar el curso de la historia
En realidad, el equipo jugó como jugaron todos los equipos del rojo en los últimos tres años.
Sin saber como llegaron a ponerse la gloriosa camiseta de. Independiente y desconociendo la gloria de esos colores.
Hoy, eso ya no quita ni agrega nada. El daño ya esta hecho. Como revertir este presente se vuelve obligación. El futuro es nuestro objetivo y también una manera de que el dolor no nos queme más de lo necesario.
La noche viene ganando espacio a paso firme en Avellaneda, allí quedan los últimos hinchas resistiendo la llegada de la Luna. Resistiendo llegar a sus casas y evitar quedar derrumbados sobre una silla tratando de buscar respuestas a un final que no tiene vuelta atrás. Cuando decido emprender la vuelta a casa, también decido que este momento no se irá más de entre mis recuerdos. Me llevó la certeza de que descendimos, y también la confirmación de porque cantamos...
La madrugada del domingo indican
que hoy se celebra el día del padre.
Y después de un sábado como el de
ayer, este festejo pega de una manera muy diferente.
Aunque suene estúpido, recuerdo
que soy padre y fui hijo.
Tres generaciones con un mismo
apellido y una sola camiseta. Tres generaciones con un amor compartido, y con
tres vivencias distintas sobre ese mismo amor que nos une. Arturo, mi viejo,
vio todo lo mejor hasta el día que se fue sobre comienzos de los ochenta.
Yo vi gran parte de lo mejor,
desde principios de los setenta.
A Axel le tocó la peor parte, muy
poco de lo bueno y todo lo malo.
A Arturo le agradezco haberme
contagiado esta pasión, a Axel le tendré que pedir paciencia para que no me
reproche haberlo embarcado en esta aventura de tener una pasión a la que nada
se le pide y por la cual mucho se sufre.
Casi todas las fotos que ilustran
estas líneas son personales. Tan personales como esta tristeza. Fueron tomadas camino a la cancha, ese camino que ya hicimos los tres. Lamentablemente nunca lo pudimos caminar juntos , pero en esa tarde sentí que esta caminata la hacía la familia completa
Esta es la calle Crisologo Larralde, la continuación de la Av. Rivadavia en dirección a las vías de Ferrocarril Roca. Durante muchos años la cruzamos con Arturo, a través de un clásico agujero en los alambres que todos conocían como atajo para evitar las escaleras que te llevaran a los siete puentes y así evitar más de diez minutos de caminata que pudieran provocar llegar tarde al comienzo de cada partido.
Esta es la cancha de fútbol del Club Barracas al Sur, que tras cruzar las vías del Roca sirve para cortar camino hacia la calle Alsina. Un cancha usada como estacionamiento con un puestos de bebidas y choripan que en la previa del partido los hinchas de independiente utilizan para calmar su hambre y su sed. La última parada para tomarse una cerveza, punto de reunión de grupos de amigos para iniciar el camino hacia el estadio.
La calle Alsina,frente a los monoblocks, donde se encuentran las entradas a las plateas y la popular sur. Allí, una vez superados los cacheos de la policía, ingresas al Libertadores de América.
Allí culmina, lo que definitiva fue nuestra última peregrinación a la espera del milagro. En una tarde fría pero soleada, esperamos que lo que todos sabíamos casi como inevitable no ocurriera.
Y esa caminata con poco de esperanza y mucho de melancolía desemboca en un pasillo con fotos que contienen como marcas en el alma casi toda mi historia con esta camiseta.
En el pasillo a cielo abierto, camino a las puertas de acceso al estadio, una de las primeras fotos que aparece es la de Arsenio Erico. Icono del goleador, artillero paraguayo hasta hoy no superado en campeonatos argentinos en esa obsesión por vencer arqueros. Una de las primeras sentencias paternas que puse en duda, "Cabeceando, saltaba más alto que los arqueros" decía Arturo y mi incredulidad sobre tal afirmación duró hasta poder ver de los pocos documentos gráficos de la época. Allí pude observar que mi viejo no mentía, Erico le birlaba la pelota en el salto a los arqueros, cabeceaba sobre la altura de las manos de aquellos que durante muchos años no tenían otro número sobre sus espalda que el número uno. Con esa anécdota y con muchas otras que me contaba sobre los grandes jugadores y equipos que tuvimos en décadas en que yo no existía, fui cimentando mi pasión. Arturo las contaba con una pasión que lo transformaba, y que me iban transformando a medida que las iba escuchando. Micelli, Lacasia, Ceconatto, Grillo y Cruz; era el paradigma de una delantera mortífera. El gol de Grillo a los ingleses en cancha de River, con la camiseta argentina. Los triunfos en Brasil y Avellaneda, ante el Santos de Pelé. Las terribles batallas contras los uruguayos por la Copa Libertadores. Rolán, Navarro y Mura peleando hasta la última pelota; llevandose todo lo que había que llevarse por delante para que el Rojo, empezara a ser el Rey de Copas. La dignidad en las derrotas contra el catenaccio del Inter de Helenio Herrera. Historias retratadas en color sepia, imaginadas en blanco y negro y que empiezan a aparecer en la entrada a la cancha, con la moletia que provocan a la vista que los ojos se me empiecen a humedecer.
Las fotos con todas nuestras copas, y de las cuales esos dos pibes que aparecen en el retrato no vieron ganar casi ninguna. Quizas lo mejor de esta imagen, se encuentra fuera de la escena. Es el padre orgulloso, que detrás de la cámara de fotos se refriega los ojos, quizás producto de los rayos del sol y muy posiblemente emocionado por compartir con su hijos esta tarde en que, cualquiera fuera resultado, los encontró juntos y que posiblemente viva en su memoria hasta el últimos de sus días.
Ricardo Bochini, nuestro héroe chaplinesco. Con él, conocí lo que era el placer de ir a la cancha. Podía estar ausente del partido ochenta y nueve minutos, hasta que llegaba el momento en que decidía frotar la lámpara y a pura gambeta siempre un compañero se encontraba con la pelota en sus pies, producto de sus pases puestos entre un mar de piernas contrarias. Hizo goleadores a todos los nueve con que compartió ataque. En un pared interminable con Bertoni, nos hizo campeones del mundo ante la Juve. Un final jugada en un solo partido y de visitante. Convirtió el gol del empate en la heroica noche cordobesa en la que con tres menos empatamos un partido que se consideraba imposible de empatar. Fue el autor de los dos goles en el partido de vuelta ante River, que nos coronó campeones del Nacional setenta y ocho. Nació al fútbol y se retiró de la actividad con la misma camiseta; la nuestra. Es el símbolo de Indepenidente. Del mejor Independiente, de aquel nunca debimos dejar de ser.
Esta galería cierra con el desenfrenado festejo de Pusineri, después del cabezazo que posibilitó el empate ante Boca en la doble visera a cinco minutos del final. El gol que nos abrió la puerta a nuestro último campeonato local que terminaríamos logrando en el Nuevo Gasometro en la última fecha. Un gol que aún sigo gritando, el que significó liberar nuestra euforia después de ocho años de sequía. Ante el rival al que siempre le queres ganar, y si es de manera injusta; mejor.
Estas dos fotos, obviamente ya dentro de la cancha, son un reconocimiento a las decena de miles que fueron al Libertadores de América casi como en un acto de resistencia. En una reafirmación de nuestra entidad. Alentando hasta media hora después que el descenso era un hecho consumado. A los que como yo, buscaron cualquier excusa para no irse de la cancha; cuando el resultado puesto, las sombras que ya ganaban toda la dimensión del estadio, el frio y el desencanto invitaban a estar en un lugar más reparador. Un homenaje a toda esa gente que fue para bancarse la peor noticia y ante el dolor, solo atinar a putear a un par de responsables de este desastre. Un homenaje a los que el peor momento de la historia del club, alentaron y reconocieron a esos ocho pibes surgidos del club que se tuvieron que bancar este trago amargo cuando los veteranos no supieron estar a la altura de la circunstancias.
Un reconocimiento a todos los que estuvimos, porque supimos soportar del descenso sin recurrir a la irracionalidad de la violencia.
Este quince de junio de dos mil trece, tiene muchas más imágenes para ser contadas. Esta fecha tiene muchas variables para ser escritas. Deberán esperar, la tristeza es un sentimiento que dificultar mucho tipear palabras. No va a faltar tiempo, en este fin de semana durisimamente prolongado.
El peor rival, para jugarse tanto. River en los últimos veinte años se ha cansado de ganarnos en todas las versiones posibles. Triunfó justa e injustamente. Nos venció siendo primero y también último. Hasta en el año que descendió uno de los pocos triunfos que cosechó lo hizo a costillas nuestras.
Más allá de la abultada estadística a favor de los millonarios, el empate del último sábado ante Estudiantes, ya nos dejó a medio paso del abismo. Nuestro empate, el triunfo de Argentinos ante nuestros rivales de hoy y el de los sanjuaninos ante.Tigre.; nos dejó en manos de la providencia y de los milagros matemáticos.
Desde hace muchos fin de semanas, la fecha de fútbol termina cuando finalizan los partidos que jugamos nosotros, Argentinos, Quilmes y San Martín. Jugamos partidos de trescientos sesenta minutos o más. Es muy difícil resistir la tentación de mandar todo al carajo y esperar solamente la lectura de los suplementos deportivos el lunes o martes, según cuando termine de jugar los integrantes de este cuarteto de la muerte.
Diego Rodríguez; Julián Velázquez; Cristian Tula; Claudio Morel Rodríguez; Lucas Villalba; Hernán Fredes; Fabián Vargas: Juan Manuel Trejo; Daniel Montenegro; Leonel Miranda; Adrián Fernández:
Una formación que viene marcando una tendencia que se fue delineando después del bochorno en Rafaela, cada vez menor cantidad de jugadores con experiencia y que no aportaron nada en favor del equipo y mayor cantidad de pibes de las inferiores para los que esta situación de salir a la cancha les resulta una mochila de plomo.
Salimos a jugarlo de igual a igual; y Fredes lo tuvo en los primeros quince en un cabezazo solo que quedó en las manos de Barovero. Un centro y una cortada para ir a buscar la pelota que mereció mejor suerte y que terminó en un globo para agregar a la larga galería de goles que no hicimos a lo largo de este campeonato.
Diez minutos más tarde, en un lateral a nuestro favor en nuesta zona defensiva, se la terminamos regalando a los atacantes de River; en gran parte por una distracción de Fredes que no peleó una pelota que lo tenía como destinataria; terminó en un pase y dos rebotes dignos de un pinball que lo deja a Iturbe solo en el area chica para empujar la pelota y que nuestro esceptisismo se vuelva en desesperanza
iDe allí en más River tomo infulas de un equipo que no es, el aparenta con su posición en la tabla y que es producto del mediocre e irregular fútbol argentino. Con la confianza del gol y la desesperación de los nuestros los espacios para el contrario comenzaron a aparecer. Y nosotros no empezamos a perder en las posiciones, en el juego y en el fondo de la tabla. Demasiado drama para que se puedan hacer cargo varios pibes que tienen menos de diez partidos en primera. Fernandez, después de su auspicioso debut con cuatro goles en dos o tres partidos que sirvieron al menos para decretarle el retiro efectivo al Tecla Farías, se perdió chocando contra los defensores de River en esos pelotazos boleados por pibes como Miranda y Trejo a los que el escenario le agregaba diez kilos a los botines, y los de Rolfi perdido en la bruma de los fantasma del descenso. Tuvimos sobre el final del primer tiempo, un oportunidad para empatar. Desde fuera del area Miranda trata de colocarla sobre el segundo palo de Barovero y este confirma que una buena tarde cualquier arquero nos cierra las cortinas hacia el gol. El segundo tiempo pasa con la pelota en posesión de River, y queda de nuestro lado la desesperación, la falta de ideas y la certeza que la suerte ya esta echada. En un contrataque veloz, un pibe de los millonarios con nombre raro le coloca un bocha a correr a Iturbe que en una corrida de veinte metros con la pelota en los pies le saca por lo menos cinco a Morel Rodriguez que le permite llegar al fondo de la linea con una tranquilidad que le permite mirar quien viene por el centro del ataque y ponérsela en los pies de Lanzini para que con cara interna del botin se la clave en el segundo palo del Ruso Rodríguez. Ese segundo gol, es el argumento para que un centenar de delincuentes disfrazados de hinchas traten de provocar destrozos en el Monumental que lo habiliten al árbitro para suspender el partido. Por suerte, no lo logran. Lo que perdemos, lo perdemos en ese rectángulo verde; y eso es ya suficiente para agregarle un informe policial. En este segundo tiempo intentamos con Luciano Leguizamón; Osmar Ferreyra; y Francisco Pizzini. Dos fracasos y uno de los pibes que no cambiaron en absoluto la historia que ya estaba marcada. La televisión se queda con la imagen de Fredes sentado en el banco de suplentes con lágrimas en los ojos. Lágrimas incomparables con la de todos los que estamos en la cancha, frente al televisor o en el fondo del patio, ya no queriendo ver ni escuchar nada de esta historia. El zapatazo de Rolfi desde treinta metros que se mete en la ratonera del uno de River, es ya solo una anécdota para las estadísticas. Quizás un gol que hubiera servido en las primeras cinco fechas para animar a un equipo sin alma, en esta tarde es solo un dato que ya no interesa a nadie. Cae la tarde, el partido termina. River nos sentencia a lo mismo que ellos vivieron hace dos años.Mañana por la noche Argentinos juega ante San Lorenzo, y una derrota del bicho nos daría alguna esperanza desde los números.Las victoria de Quilmes ante Arsenal y la de San Martín ante Belgrano en la noche del sábado nos deja sin ninguna posibilidad que cualquier cosa que pase dependa solo de nosotros. Quedamos a la espera que la desgracia se derrame sobre San Juan y La Paternal, pero las matemáticas tienen pocas características divinas
"La primera vez que tuve la sensación de que mi viejo se moría, que lo vi débil de verdad, fue yendo a ver al Rojo.
Rodolfo (así se llamaba) era periodista. Trabajaba en tele, en radio, en gráfica. Los viernes solía llegar con un regalo: credenciales de Prensa para la cancha. Yo crecí acostumbrado a los lugares privilegiados. Vi muchos partidos en las cabinas, al lado a los relatores de las radios, o en plateas "lujosas". Era parte de la "chapa" de mi papá.
Pero en 1980, la mano venía distinta. El viejo estaba sin laburar en los medios. En la Argentina de la plata dulce, había puesto un kiosco en la galería de al lado de Sadaic. Ese negocito, último bien de una extraña herencia familiar, no daba para ningún lujo. Vivíamos con lo justo. Para colmo, al periodista le faltaba el "brillo" de la profesión. El otrora escriba reconocido y jefazo, ahora expendía alfajores, turrones y 43/70. Un dato: lo hacía de saco y corbata. Me cuesta recordarlo con otro ropaje. Era casi su uniforme.
Es posible que yo, con 11 hincha-bolas años, haya insistido en ir a la cancha ese día caluroso de diciembre. Jugábamos el partido de vuelta de una semifinal del Nacional. Racing de Córdoba nos había ganado 4 a 0 en la ida, pero vaya a saber que extraño convencimiento nos llevaba a creer que lo podíamos dar vuelta.
Tomamos el bondi a Avellaneda (ya no teníamos el Fiat 800 que se había ido para pagar una deuda) y encaramos la larga caminata por la siempre convulsionada Alsina. Éramos miles los que caminábamos hacia el estadio de la Doble Visera envueltos en banderas, gorros y entonando cantitos que prometían que "vamos a salir campeón".
Llegando a las boleterías, vi que el viejo encaraba para la fila de la Popular. Debe haber visto la cara de decepción del nene acostumbrado a las cabinas y las plateas. Me dijo algo así como "hoy vamos acá, es mejor". No le creí. Entendí que era lo que se podía.
La fila de al lado, la de las butacas, era más ordenada. La de la General era un caos de empujones, gritos. Mi viejo -vale la pena recordar que lo suyo eran las letras más que las multitudes.- pujaba por llegar a la ventanilla, pero no avanzaba. De pronto lo vi salir de ese marea de compradores de último momento. "Vamos, esto no es para nosotros" me dijo.
Me salió de adentro un "Y si vamos a la platea?" Creo que mi pregunta fue un puñal. Me contestó "No tenemos plata". Recuerdo la sequedad de la respuesta. Hoy entiendo que era la última armadura de un tipo disminuido, que no podía cumplirle "algo" a su hijo. Era grave? No, claro que no. Pero evidentemente para él tenía un simbolismo. Ya no era lo que había sido. No se le abrían las puertas de las cabinas. No llegaba a comprar dos plateas. Empezaba a no poder.
Con aire de vencidos, volvimos por Alsina, una calle que siempre me pareció horrenda. Mientras nos alejábamos del estadio, recuerdo haber escuchado el rugido de las tribunas, exaltadas por la salida del equipo.
A las pocas cuadras, mi viejo detuvo su caminata. Me miró y me dijo "esperá un segundo". Se sentó en el portal de una casita. "Qué te pasa?" le dije. "No me siento muy bien, ya se me pasa". Una señora que veía la escena desde adentro de la casa salió y le dio un vaso de agua. La situación no duró mucho, se recompuso rápido. Al rato estábamos de nuevo en el colectivo y media hora más tarde, en casa.
Lo que podría haber sido un simple sofocón, fue para mí una señal grave. No se bien porqué, pero ese día de diciembre, algo me dijo que mi viejo se me estaba muriendo. Tenía insólitos y jóvenes 53 años, pero fumaba mucho, había tenido un pre infarto un par de años antes, no se cuidaba. Y estaba (comprendí muchos años después) muy deprimido.
Rodolfo se fue un año y medio después, sin dar demasiada lucha, sin comprender que era más importante cuidarse que entregarse al vicio que lo había tomado a los 14 años y del que, para colmo, estaba orgulloso. Nos dejó rápido. Mi enojo con él, por no haber estado, por no haber bancado, por no haber peleado, duró años. Muchos años.
Ese hombre que se fue envuelto en debilidades, antes de apagarse, fue mi ídolo. Ese porteño tanguero que no me legó un mango, me dejó un puñado de cosas invalorables: el gusto por la historia, la pasión por la lectura, el placer por una buena partida de ajedrez, el ateísmo, una imagen de decencia inquebrantable que fue clave para que yo no me desviara cuando me tentaron. Y claro, el paladar negro de hincha de Independiente.
De muy chico aprendí dos versos: Maril, De la Mata, Erico, Sastre y Zorrilla (el primero) y Miceli, Ceconatto, Lacacia, Grillo y Cruz (el segundo). Se dicen de corrido, rápido, porque decirlo así es señal de que sabes.
Nos recuerdo embanderando juntos la casa, mientras esperábamos que la Central Terrena de Balcarce retransmitiera la señal de alguna final de la Libertadores jugada en Montevideo, en San Pablo, en Santiago. Nos veo saltando y gritando goles de Bertoni que ya van a venir, repitiendo Bo Bo Chini hasta la afonía, aplaudiendo barridas de Pancho Sa, corajeadas del Mencho Balbuena, tiros libres de Pavoni. Me gustaba escuchar aquella anécdota de una tarde en la que Bernao se había acercado a plena platea baja y le había dedicado un gol a mi vieja. Amaba a Boneco, aquel perro pulgoso que salía a la cancha con el primer equipo, llevando en su boca el banderín del CAI.
Cuando yo era chiquito, Rodolfo solía venir con un caramelo. Me lo daba y me decía "te lo manda el señor Independiente". A veces, en vez de una golosina traía una aspirina. Ante mi mirada de asco, respondía "te la manda el señor Racing". Era un tipo serio, pero cuando quería, tenía salidas memorables.
El viejo se fue en junio -vaya casualidad- del 82. No llegó a ver el gol de Percudani al Liverpool. Tampoco vivió esa tarde en la que salimos campeones frente a un Racing que descendía. Pero su vida estuvo repleta de vueltas olímpicas, de hazañas, de gloria internacional. De eso, se fue lleno.
Escribo esto en plena agonía. A no ser que obre un milagro, en tres semanas nos habremos ido a la B.
No se que pensaría Rodolfo ahora, pero estoy seguro que jamás se le cruzó por la cabeza que su invencible equipo repleto de copas, estuviese así, casi sentenciado, a días de adquirir esa mancha imborrable.
Me costó añares despedirlo, hacer un duelo como corresponde. Creo que una buena parte de mi tristeza actual tiene que ver con que no puedo parar de recordarlo. De recordarte.
Volvé viejo. Aparecete de traje, envuelto en una bandera roja. Decime que todo esto es una aspirina que me mandó el señor Racing. Que nosotros comemos caramelos, porque los amargos son ellos. Enseñame de nuevo a aplaudir un sombrerito del Bocha. Agarrame de la mano para gritar un gol de Bertoni.
Si no podes volver, te entiendo. Ya es hora de bancármela solo. Seré digno. Aunque, te aviso. A escondidas de Lola, voy a llorar.
Chau viejito. Descansá en el cielo inexistente de los ateos. Algún día vamos a volver.
Este también es un modo, tardío, de despedirte".
(Esta carta circuló profusamente en Internet, en la semana posterior al empate con Estudiantes y muestra todo el sentimiento que hay por estos colores. También muestra como ante la posibilidad muy cierta de descender, aún no caemos en la cuenta de porque llegamos tan bajo. Afectos que no se adquieren en el shopping. Sentimientos que se encuentran anclados en lo más profundo del alma)
Transcurrían treinta minutos del segundo tiempo, de pronto sentí un par de golpes de una manito que trataba de encontrar una respuesta a un interrogante que lo acongojaba. " Vamos mal, no? " Al girar mi cabeza hacia mi derecha, la pregunta de mi vecino de platea encontró solo balbuceos de mi parte. Como dar una respuesta contundente y cierta ante tamaña duda , cuyo emisor es un pibito de cinco años? Su carita, a mitad del desconsuelo y la tristeza; me dejó solamente la posibilidad de hacer gesticulaciones incomprensibles.
Munido con su equipo de Independiente completo, pateó con sus botines todos los papeles que encontró en el piso sin que esos puntinazos le dieran una respuesta. El escurrir de los minutos, la cercanía de un final de partido indeseado, el retorno más cierto que nunca de las pesadillas, las pocas respuestas que entregaba el equipo en la cancha; hicieron que esa pregunta me abrumara. Porque la hacía alguien al que no se te ocurre otra cosa que brindarle respuestas tranquilizadoras, finales felices, chocolatines en el entretiempo y una coca y un pancho al final del encuentro.Como carajo tener una respuesta que pudiera dejarlo conforme?
Inocencia en estado puro en su pregunta; amargura, decepción y bronca en mi estúpida respuesta.
Si esa sensación de desaliento invadía a un chico de cinco años, como poder describir el ánimo de quienes tienen diez, veinte, treinta, cuarenta o más años sobre el lomo de venir a la cancha?
Con un formación repleta de pibes de la cantera (el ruso Rodriguez, Villalba, Velazquez, Trejo, Godoy, Monserrat desde el arranque y después la entrada de Fernandez, Eloy Rodriguez y Fredes) y solo una minoría de veteranos supuestamente más preparados para estas batallas (Tula, Morel, Vargas y Montenegro).
Independiente regalo un tiempo, así de claro. Con solo el Negro Caicedo de punta y sin poder tener jamás el control del medio campo como producto de las bajas actuaciones de Vargas y Godoy; la sensación que a Monserrat el partido siempre le quedó grande y el Rolfi jugando siempre de espaldas al arco; solo un par de jugadas de riesgo en el primer tiempo (incluido un gol de cabeza anulado por un claro fuera de juego) parecían totalmente insuficientes para ganar un partido en el que nos juzgamos tanto o casi todo.
A las tres de la tarde, mientras entre varios de la platea recorríamos estos tres años de errores y horrores que podrían ser evitados con una cuenta muy pequeña pero que a esta altura del sábado era realmente inalcanzable. Si hubiéramos sacado tres puntos más en cada uno de los cuatro campeonato, no estaríamos en este estado....Tres puntos más por campeonato! Solo esa boludez que se encuentra tanto o más lejano que Neptuno.
A esta altura, las suspicacias, los rumores y todo el manto de sospecha sobre la derrota de Racing ante Quilmes era ya historia lejana. Sinceramente Racing, es un equipo indescifrable, ni Zubeldía puede explicar seriamente a que juega ese equipo. Y como si esto fuera poco, si Racing hubiera jugado ante Quilmes como lo hizo contra nosotros; nadie hubiera puesto en duda que el partido estaba arreglado. Pero no, el fútbol argentino es tan mediocre, mezquino, y gris, que cualquiera puede ganarle a cualquiera. No porque hay un nivel competitivo de juego, sino porque la mayoría de los equipos de fútbol argentino son de un nivel horrible tendiendo a espantosos. De ese naufragio hoy solo se salva Newell¨s que con un equipo bastante estructurado y tres o cuatro jugadores que te la devuelven redonda, logró el milagro de arrancar el año pasado con un promedio menor al nuestro y olvidarse del descenso y dar peleas en tres campeonatos distintos con no más de dieciocho a veinte jugadores.
Las malas noticias empezaron el viernes con el triunfo de Quilmes, las continuamos en el protagonico nosotros con el 0-0 ante Estudiantes, prosiguieron el domingo a la noche con Argentinos vapuleando a River dos a Cero y terminan hoy lunes (día en que termino de escribir está drama futbolero) con los sanjuaninos ganándole a Tigre.
Las cartas están casi todas echadas, comienza el camino de poder procesar de la mejor manera este momento. Tratar que la bronca y la locura vaya bajando de decibeles, procesar el duelo el tiempo necesario, para volver a tomar fuerzas con las que aferrarse a una ilusión
Podrán declarar inconstitucional la elección del Consejo de la Magistratura, Cristina podrá seguir bastardeando a Scioli como un chico que trae malas notas del Colegio, y aunque a La Campora y Moreno le funcione el control de precios y Lázaro Baez decida devolver toda la guita de las bóvedas ; en este lunes de junio solo se me ocurre lamentarme por no tener a mano una mentira piadosa que hubiera podido dejar tranquilo en esa tarde de junio a un pibe de cinco años..
Un partido con pésimos antecedentes. En el anterior campeonato, el cotejo tuvo que disputarse en dos etapas. Cuan aún las sombras del descenso no eran tan fuertes y el presidente de Independiente, en la absoluta soledad que lo había dejado toda la dirigencia del fútbol argentino y la de la política también, aún sostenía como bandera etica la necesidad de combatir a los barras bravas.En ese escenario hoy tan lejano, del cual solo transcurrieron siete meses; el partido de ida jugado en Avellaneda tuvo que ser suspendido por las agresiones contra el arquero del Belgrano; y vuelto a reiniciarse por el saldo del tiempo no jugado. Allí volvimos a perder tres puntos ante un equipo que no se encontraba tan consolidado como el hoy y que en esta oportunidad juega de local. En la pobreza de fútbol local hasta su técnico, el Ruso Zieliski, fue tentado para ser el reemplazante del Tolo Gallego cuando la dirigencia del club buscaba un bombero que pudiera apagar el incendio en que habia comenzado a consumirse el futuro del club.
El día anterior al partido, Bayer Munich gana la final de la Champions League
ante el Borussia Dortmund, y marca la revancha de ese terrible jugador que es el holandés Robben que se transforma en el héroe del match; no solo por haber sido el protagonista de un centro tirado desde un angulo imposible para que un compañero marcara la apertura del resultado. Sino que es el autor del gol del triunfo en tiempo de descuento. Con este partido parecen quedar enterradas las puteadas de los hinchas holandeses por haber perdidos dos mano a mano en la final de la Copa del Mundo que se llevaron los españoles y la de los Bayern Munich que lo castigaron por haber perdido la anterior final de la Champions ante el Chelsea del Rafa Benitez. Un partidazo, los ganadores saludando a los perdedores y estos bancandose en la cancha la entregas de medallas y la Copa a los Ganadores; festejos sin invasión de cancha y tristeza sin romper los estadios. Otro deporte, otra realidad, hasta pareciera que fuera otro mundo. Y pareciera que fue otro mundo porque en este donde vivimos, trabajamos y sufrimos este fútbol cincuenta y un barras bravas de Boca fueron detenidos enla Bomboneraen el partido de ida por los cuartos de final dela Libertadoresante Newell's. La causa que dió origen al encarcelamiento de MIgliore, le hizo descubrir al juez de la causa otra nueva. Un miembro de la Comisión Directiva, un tal Mechetti alquila carnets truchos a ochocientos pesos por partido, aunque los antecedentes de marzo de 2010 en que fuera suspendido dela AFIP, trabajo que milagrosamente aún mantiene como producto del allanamiento de su casa en la que le encontraron ochocientos mil dolares que todavía está tratando de justificar
Mientras Wembley era el escenario de un partido para recordar; por estas tierras la Plaza de Mayo y sus alrededores se llenaba con ciento de miles de personas para celebrar los diez años de kirchnerismo. Para ponerle un marco artístico al discurso de Cristina, el staff permanente de artistas contratados para estos eventos amenizan la jornada reforzados con la importación especial de Paralamas, Café Tacuba y a modo de reafirmar que el Proyecto Nacional y Popular descendió de Sierra Maestra tuvimos la oportunidad de escuchar a Silvio Rodriguez.
El viernes Velez le gana dos a cero a Quilmes en
Liniers, y nos alimenta la esperanza que, en caso de ganar en Córdoba, la recuperación del equipo pueda ser considerada una cosa seria para esperanzarse.
Como si la dirigencia del Barcelona y toda la patria Catalana hubiera entrado en estado en ataque de pánico por no ser este año protagonista exclusivo del fútbol europeo en especial y el de todo el mundo en general, acaban de contratar a Neymar para hacerle compañía a la Pulga. Si no fuera por esta puta situación de mirar la tabla desde abajo, ya estaría averiguando el fixture del próximo campeonato español. Es muy dificil que el Barsa no retome esa campaña de espectáculos que montan cuando salen a la cancha, ahora que lo tienen a la última perla sudamericana
Para despuntar una sonrisa forzada y no tomarla como una premonición del futuro, por la Copa Argentina le
ganamos a Boca Unidos de Corrientes con los pibes por penales.
Las primeras horas de un domingo hermoso, muestran un estadio espectacular abarrotado de gente que le dan al partido un marco no merecedor de este mediocre fútbol criollo.
Belgrano nos gana el medio y se hace dueño de la pelota. Mansanelli, Gonzalez y Farré se encargan de que Vargas, Mancuello y Godoy corran a todos pero se hagan de la redonda. Nuestro primer tiro al arco es casi a los veinte, y para considerarla una oportunidad de gol hay que ponerle muchas ganas. Sobre el final del primer tiempo, Melano que con su juventud, velocidad y talento hacen que Morel Rodriguez le vea toda la tarde el número de la camiseta; corre un pelotazo de contra y queda sobre la punta izquierda solo ante Rodriguez y queriéndosela colocar al segundo palo; la pelota se apiada de nosotros y se va apenas afuera.
Nada más para el primer tiempo.En el segundo, Melano sigue haciendo de las suyas, se suman Zelarrayan y hasta la entrada del Picante Pereyra, idolo del ascenso pirata y con un lamentable paso con nuestra camiseta nos pone más cerca de volvernos de Córdoba con las manos vacías que recorrer los kilómetros de regreso con una sonrisa.
Casi llegando a los treinta minutos, un pelotazo dobla nuestro travesaño y para ponerle mas ansias para que el partido termine, la devolución de ese tiro le queda a otro delantero de Belgrano que con todo el arco a favor la tira a las cercanías del Cerro Uritorco.
De lo nuestro poco y nada y eso obliga a Brindisi a sacar al paraguayo Fernandez, exhausto de correrla y no poder hacerse de la pelota. Entra otro pibe del club, un tal Eloy Rodríguez.
Rompiendo la costumbre de toda la tarde en donde Vallés y Ferreyra, hacen inentendible como un jugador de fútbol llega a primera sin saber tirar un puto centro, el Malevo desborda sobre el último minuto de descuento y se la deja al pie a ese tal Eloy Rodríguez. El pibe ,de primera trata de colocar al segundo palo de Olave y de milagro no se concreta una injusticia que nos hubiera hecho muy felices.
Contra la historia, estuvimos a segundos de ponernos el parche y el garfio para traernos un triunfo que hubiera sumado mucho más que todo el oro de un galeón. Los abordajes no son lo nuestro, y nos quedamos con los que parece ser lo nuestro; el sufrimiento y la calculadora.