"A menudo los hijos se nos parecen,
así nos dan la primera satisfacción;..
...Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma,
nuestros rencores y nuestro porvenir.
.. Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un día nos digan adiós"
(Esos Locos Bajitos, Joan Manuel Serrat)
"Nene,
ya está, cálmate. Estos delincuentes no quieren a Independiente como nosotros.
Nosotros vamos a estar siempre y ello solo cuando aparezca la plata”
Tomándolo
de los hombros y mirándolo a los ojos, un vecino de platea trata de calmar a
Axel, quien desde el balcón de la
tribuna se desgañitó puteando contra una centena de lúmpenes disfrazados de
hinchas trataban de destrozar el alambrado que divide la popular local de las
plateas bajas.
Su
reiterado grito de guerra , “hijos de puta, no rompan la cancha” lo dejó
afónico y con su cuerpo tembloroso. Bajo los cinco escalones que nos separan y
lo estrecho en un fuerte abrazo, tratando de contenerlo poniendo su cabeza en
mi pecho.
En
silencio, y con una amargura que jamás hubiera imaginado, nos quedamos anclados
en ese abrazo tratando que el dolor se vaya mitigando.
En
esta herencia pasional, lamento no haberle podido transmitirle a este
adolescente el independiente que su abuelo me dejó a mi.
Conmovidos y viéndose reflejados, otros hinchas palmean
a Axel con afecto y con sus ojos humedecidos tratan de buscar la puerta de
salida.
Orgullo,
es el sentimiento que puebla mi noche en el estadio; más allá que los que
reinen en el Libertadores de América sean otros: bronca, rencor, tristeza,
desesperanza, desolación, resignación.
Dice
el refrán popular que lo que se hereda no se roba, y me enorgullezco porque veo
que este amor que empezó con Arturo y se transmitió por dos generaciones
es pasión en estado puro por una
camiseta; nada más y nada menos.
“Hijos
de puta, no rompan la cancha” es una
definición tajante acerca de cuales son los sentimientos que nos unen al rojo.
Amor a los colores, a nuestra historia y a nuestra casa.
Nadie
destruye su hogar porque es despedido del trabajo o por sufre una crisis
conyugal; pero este fútbol infectado por la delincuencia y la mafia ha plagado
los diarios de asesinatos donde el fútbol aparece involucrado por supuestos
“fanáticos” de algún club. De eso da cuenta las noticias sobre la detención de
Migliore acusado de encubrimiento por un
asesinato cometido por un barra brava de Boca, el apresamiento de cinco hinchas de Racing acusados de matar
a un periodista partidario de su mismo club y la aparición de un cadáver bajo
las tribunas de la cancha de Velez luego
de un partido por la Copa Libertadores.
La
noche cierra estos siete días desde la derrota en Floresta, en donde la
renuncia del Tolo Gallego se barajó como una posibilidad y los violentos de
siempre quisieron modificar la suerte de los resultados a través de los
aprietes y amenazas de muertes hacia los jugadores.
Notificarle
a los futbolistas que van a ser asesinados si el club desciende, no tiene nada
que ver con el fútbol sino con el delito y el Código Penal.
Los
medios exhiben la miserable polémica entre los gobiernos y la justicia, sobre
cuál es la cantidad de muertos que dejaron las inundaciones producidos por las inundaciones como si cincuenta y dos muertos hubieran sido víctimas de
la naturaleza y cincuenta y tres dejara al descubierto el poco tiempo que le ha
dedicado la dirigencia política a pensar un país que casualmente es el nuestro y
de donde ellos recolectan los votos que le permiten enriquecerse, conocer
distintos lugares del mundos, realizar compras en shoppings de Europa y Estados
Unidos como si fueran jeques árabes y en definitiva tomarnos permanentemente
como pelotudos.
Cuando
miles de familias no han retornado aún a sus casas y aquellas cuyas
posibilidades de retornar se vuelve estéril porque entre esas cuatro paredes de
ladrillos o chapa ya no hay muebles o enceres que puedan ser utilizados, los
políticos hacen sus apuestas acerca de que ficha jugar para sacar mejor partido
de la tragedia.
La disputa acerca de las
pecheras que se ponen los militantes para hacer llegar los alimentos y ropas
que donan los integrantes de una masa que no se pone a distinguir a quien votó los que se quedaron
con dos metros de agua en la casa; es sencillamente miserable y el asco no
tiene límites.
La
Presidenta, para romper su costumbre de ausentarse ante las tragedias, con rapidez
de reflejos estuvo con los inundados de La Plata dos días después de los
hechos. Pero su primer mensaje en cadena fue para anunciar...la democratización
de la justicia.
Con
el atardecer del viernes, las cautelares, los tribunales de casación y el acceso
democrático a los puestos tribunalicios nos hace llegar exhaustos y contra
reloj al horario de comienzo del partido. El subte que nos llevaría hasta
Congreso, decide empacarse en la estación en Loria, obligándonos a bajarnos de
la formación y caminar cuatro cuadras hasta la Avda. Belgrano y espera que
algún colectivo nos aproxime a la mitad del recorrido. Sin margen, llamo a un
compañero de trabajo que anda por la zona para pedirle el favor de alcanzarnos
en su auto hasta Avellaneda ; su corazón rojo se apiada de nosotros y nos hace
llegar solo con el partido comenzado con solo cinco minutos.
Las
ultimas seis cuadras corridas en la medida en que mi lamentable estado físico
lo permitió; nos hizo notar el profundo silencio que circundaba al estadio. Un
silencio, que hasta nos hizo dudar acerca del horario de comienzo. Un silencio
premonitorio.
Los
primeros treinta minutos, fueron distintos a todos los anteriores partidos. No
manejamos ni el campo ni la pelota. Pese a que delante nuestro estaba Unión, el
peor equipo del fútbol argentino. La democratizante mediocridad de fútbol
argentino, hizo que eso no pudiera distinguirse. Y de tanta confusión, el
nuestro rival tuvo tres mano a mano con nuestro arquero, que no fueron goles
porque en todos los casos los encargados de definir sintieron que el arco se
vuelve pequeño ante esas ocasiones.
Alguien
exclama que, este partido lo ganamos. Fundamenta su posición en un viejo axioma
del fútbol...los goles que no haces, te los terminan haciendo.
Después
de esa siesta en la que independiente se había entregado, el Rolfi comienza a
tejer los hilos, Vargas se hace patrón del medio, el pibe Fernandez demuestra
su habilidades y coraje para encarar defensores contrarios y Fredes recuerda
que por sus venas corre algo parecido a la sangre.
Fernandez,
aprovecha un corner y peleando para dominar la pelota quizás hasta con su
propio brazo, logra meter el primero y provoca que por un rato creamos que las
rachas también se cortan.
El
mismo Fernandez, tiene el segundo en su pies pero su tiro a colocar al segundo
palo del arquero sale muy lejos. Con una ventaja ajustada e injusta termina el
primer tiempo.
En
segundo tiempo se retiran Vargas y Mancuello lastimados y Tolo completa los
cambios instalando cinco mediocampistas para asegurar la pelota. Poblamos el
mediocampo, pero la pelota la vimos correr en los pies de los delanteros de
Unión que a traves de los cambios que puso el colorado Sava fue a buscar el
dominio, el control y el empate del partido. Pelota corta, con un compañero que
se ofrece como permanente descarga. Con esa fórmula antiquísima, el costado
derecho de la defensa de Independiente hace agua una vez tras otra. De ese
traslado al piso de balón surge un exceso de confianza de los tatengues que le
permite a Zapata robar un pelota tirársela a Montenegro que se lleva tres
defensores a la rastra dejando el area de Unión despoblada de centrales, su
pase al Malevo Ferreira casi llegando al punto del penal totalmente solo
vislumbra el cierre del partido. Pero no, el empecinamiento de los delanteros
rojos para ponerle sutileza a las definiciones sencillas termina como siempre
en un tiro desviado.
El
desprecio de los jugadores rojos por los tiros fuertes pero efectivos,
derivados de tomarla de lleno con el empeine y con el poco reconocido puntín ha
derivado que en lo que va del campeonato en habernos perdido no menos de diez
goles. Goles de los hechos, de los que no se erran, de los imposibles de
desperdiciar. Goles errados que ya nos han hecho perder no menos de ocho puntos
y que posiblemente sean los que lloremos cuando esta historia termine.
Unión
insiste en el juego asociado y en un centro, en el que inexplicablemente
tiramos el achique uno de los recien entrados cabecea solo en área y decreta el
empate.
En
ese instante, toda la hinchada roja empieza a esperar cualquier cosa menos una
buena noticia. No quedan ganas, ni arrestos ni fibra para ir a buscar el
partido. Un equipo sin corazón, se empata solo el partido y nos hace sentir que
nuestro destino es casi irreversible.
Volvemos
a Capital, cenamos con Axel en silencio. Apenas intercambiamos tres o cuatros
frases con el mozo que siempre nos atiende. No es momento para postres ni café.
Rápidamente pedimos la cuenta y tratamos que esta noche se vaya de una vez por
todas.
Mientras
me despido de Axel en la puerta del taxi que lo lleva hasta su casa, la Avenida
Rivadavia es testigo de ese abrazo y ese beso que le doy emocionado solo para
expresarle “Estoy orgulloso de vos”.





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